El apoyo de importantes marcas, empresas e instituciones del Estado a proyectos, espectáculos y transmisiones en vivo por redes sociales que generan “contenido basura”, porque es la pura verdad, es una prueba de que al parecer importa más la economía que la moral. Lo que mueve las decisiones es la cantidad de vistas y seguidores, sin importar su origen.
Se ha normalizado lo amoral y todo lo que signifique antivalor. Ya no se piensa en la calidad, sino en la cantidad. Es lamentable que los que toman decisiones, tanto en el sector público como privado, se hagan eco de producciones (programas transmitidos vía internet) que en nada aportan al ser humano.
Mientras esto sucede vemos que son estos mismos hipócritas quienes luego levantan la bandera del discurso de la moral y de respeto a las buenas costumbres. ¿Cuándo abriremos los ojos de la conciencia?












