El desarrollo económico no depende únicamente de las reglas que rigen una economía. También depende de quién participa en las decisiones.
Las economías no solo crecen por el capital que acumulan o por las políticas que diseñan. También crecen según qué tan plenamente logran incorporar su talento donde se decide.
En América Latina las brechas de participación económica femenina siguen siendo significativas. Cerca del 93% de los hombres en edad laboral participa en el mercado de trabajo, frente al 68% de las mujeres, una diferencia que limita el potencial productivo de la región. La brecha se vuelve aún más evidente cuando se observa quién toma las decisiones económicas.
Las mujeres ocupan alrededor de 16% de los asientos en consejos de administración de empresas listadas en la región, mientras apenas 6% de las presidencias de estos consejos y cerca de 9% de las posiciones de dirección ejecutiva (CEO) están ocupadas por ellas. Incluso, cuando acceden a los consejos de administración, rara vez ocupan los puestos donde se concentra la capacidad final de decisión. Además, cerca de una de cada cuatro empresas de la región no tiene ninguna mujer en su consejo.
La comparación internacional también es reveladora. Mientras en economías avanzadas las mujeres ocupan más de 30% de los asientos en consejos corporativos, en América Latina la representación se mantiene alrededor de la mitad de ese nivel.
Estas cifras no solo describen una brecha de representación; también revelan capital humano que las economías aún no incorporan plenamente en sus decisiones estratégicas.
Las economías que limitan la participación de parte de su talento terminan tomando decisiones con menos información y menor capacidad de adaptación. Aprovechar plenamente el capital humano disponible fortalece la productividad y la calidad de las decisiones económicas.
En República Dominicana, al igual que en gran parte de la región, la participación femenina ha avanzado en ámbitos como la educación superior, el emprendimiento y profesiones altamente calificadas. Sin embargo, su presencia en espacios de decisión corporativa y económica sigue siendo reducida. Por eso la pregunta relevante no es si existe consenso sobre el tema, sino cómo se traduce en decisiones concretas.
Las juntas directivas, los CEO y los responsables de políticas públicas tienen un papel directo en esta transformación. Revisar cómo se identifican liderazgos, cómo se conforman los consejos y cómo se amplían las redes profesionales que alimentan estos espacios, también forma parte de la agenda de desarrollo.
En última instancia, el crecimiento económico no es solo una cuestión de capital o de políticas públicas. También es una cuestión de talento.
Y de quién tiene la oportunidad de sentarse en la mesa donde se toman las decisiones.







