La cobertura de la gente
Si tan importantes son los bienes materiales para la supervivencia y protección frente a los riesgos, mucho más lo es el ser humano dentro de las operaciones de una industria, empresa o institución.
Valorar a las personas va más allá de la simple productividad: implica reconocer que constituyen el activo más importante de cualquier organización y que su bienestar, desarrollo y dignidad deben ocupar el centro de toda estrategia empresarial.
Si bien es cierto que la base fundamental de un contrato de trabajo es el salario, no existe beneficio más valorado por los empleados que el seguro de salud. En la República Dominicana este derecho es obligatorio a través de la Ley 87-01, que instauró el Seguro Familiar de Salud (SFS) dentro del Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS).
Sin embargo, pese a su alcance universal, el plan básico de salud en el régimen contributivo presenta importantes deficiencias que requieren atención urgente, especialmente por el elevado gasto de bolsillo que hoy enfrentan los trabajadores y sus familias.
Al momento de la renovación de los programas empresariales, este tema debe ocupar un lugar prioritario.
1. Cobertura limitada frente a costos reales crecientes
Aunque el SFS ha ampliado progresivamente su catálogo de prestaciones, el costo real de numerosos procedimientos, medicamentos especializados y tratamientos de alta complejidad supera los topes establecidos.
Medicamentos de última generación quedan fuera del plan o cuentan con coberturas parciales.
Procedimientos innovadores requieren copagos elevados.
Muchos tratamientos superan los límites anuales autorizados.
La inflación del sector salud crece a un ritmo superior al de otros sectores de la economía.
El resultado es previsible: el afiliado termina recurriendo al gasto de bolsillo para completar su atención.
2. Alto gasto de bolsillo del trabajador
Uno de los problemas del sistema dominicano de seguridad social es que, aún estando asegurado, el trabajador continúa asumiendo costos significativos, tales como:
- Diferencias en honorarios médicos.
- Excedentes en estudios diagnósticos.
- Medicamentos fuera del listado oficial.
- Pagos adicionales por internamientos.
- Autorizaciones tardías.
- Restricciones administrativas.
- Redes limitadas de prestadores en determinados planes.
Esta realidad contradice el principio fundamental de la seguridad social: brindar protección financiera frente al riesgo de enfermedad.
La seguridad social dominicana logró una expansión histórica de la cobertura desde la promulgación de la Ley 87-01. No obstante, enfrenta hoy su segunda gran prueba: garantizar la sostenibilidad financiera del sistema y la suficiencia real del plan de beneficios. Si estas debilidades no se corrigen, el trabajador seguirá asegurado en el papel, pero desprotegido en la práctica.
La responsabilidad del corredor
Si bien estas problemáticas no son responsabilidad directa de los intermediarios de seguros, sí forma parte de su deber profesional orientar adecuadamente a empresarios y trabajadores.
El corredor debe explicar las limitaciones del plan básico, recomendar coberturas complementarias cuando sea necesario y anticipar los impactos financieros que pueden surgir para la empresa y sus colaboradores.
Me atrevería incluso a afirmar que existe una responsabilidad moral adicional. Como conocedores técnicos del sistema, los corredores deben impulsar el debate sobre las reformas necesarias junto a empleadores y actores del sector.
En definitiva, son las empresas las que enfrentan el ausentismo, el deterioro del clima laboral y la pérdida de productividad cuando la salud de su personal se ve comprometida.
Invertir en la cobertura de la gente no es un gasto; es una decisión estratégica. Una empresa que protege adecuadamente a sus colaboradores fortalece su estabilidad operativa y contribuye, al mismo tiempo, a la productividad nacional.










