La banca dominicana ha demostrado fortaleza y ha sido un vehículo dinamizador de la economía. Su solvencia y credibilidad son su mejor carta de presentación. Los activos totales del sistema financiero del país ascendieron a cuatro billones RD$335,384 millones a abril de 2026, lo que representa un crecimiento interanual del 12%.
Sin embargo, y muy a pesar de los avances en regulación y supervisión, República Dominicana es el único país de Centroamérica y el Caribe que no incluye requerimientos que tomen en cuenta las recomendaciones del Comité de Supervisión de Basilea.
La firma calificadora Moody’s Local acaba de publicar un informe en el que analiza la adopción de Basilea III en Centroamérica y República Dominicana. Destaca que los sistemas bancarios de la región muestran avances graduales pero heterogéneos.
Según consta en el documento, los reguladores han priorizado definir los niveles mínimos de capital, mejorar su calidad e introducir métricas de liquidez de corto plazo. Sin embargo, la profundidad regulatoria y el grado de adopción difieren significativamente entre jurisdicciones, reflejando enfoques regulatorios adaptados a cada sistema financiero.
En lo que tiene que ver con República Dominicana, Moody’s Local identifica que no existe actualmente un requerimiento normativo obligatorio según Basilea III, y la regulación vigente mantiene un enfoque tradicional de gestión de liquidez.
El superintendente de Bancos, Alejandro Fernández W., había hecho el planteamiento durante la Segunda Jornada Anual de Riesgos 2024 del Club de Gestión Integral de Riesgos de la República Dominicana, en septiembre de 2024. “Implementar los estándares internacionales es un desafío que requiere compromiso y dedicación por parte de las entidades financieras”.
Para el superintendente, los beneficios a largo plazo en términos de estabilidad, confianza del mercado y resiliencia ante crisis, superan con creces los esfuerzos realizados. Sostiene que al seguir algunas de estas recomendaciones, las entidades estarán mejor posicionadas para enfrentar las complejidades del entorno financiero moderno y cumplir con las expectativas de reguladores, inversionistas y clientes.
Desafíos
En el ámbito regional, Moody’s Local considera que el principal desafío consiste en avanzar desde marcos predominantemente enfocados en el corto plazo hacia esquemas más completos, que incorporen de forma sistemática el fondeo estable y criterios homogéneos para la definición de activos líquidos. Sugiere una convergencia gradual hacia requerimientos que prioricen los riesgos de corto plazo.
El marco de Basilea III incorpora estándares específicos orientados a fortalecer la resiliencia de las entidades bancarias frente al riesgo de liquidez, por medio del Coeficiente de Cobertura de Liquidez (LCR) y el Coeficiente de Financiamiento Estable Neto (NSFR), que constituyen los pilares del esquema prudencial para el corto y largo plazo, respectivamente, y se acompañan de una definición estandarizada de los Activos Líquidos de Alta Calidad (HQLA). En la región, resalta, las respectivas regulaciones evidencian la incorporación gradual y una convergencia conceptual hacia el marco de Basilea III, aunque con importantes adaptaciones a discreción de los reguladores.
Basilea III establece como ejes centrales, en materia de patrimonio, la priorización de la calidad del capital, la exigencia de un coeficiente mínimo y la incorporación de colchones de conservación (buffers) de capital. El objetivo principal es aumentar la capacidad de absorción de pérdidas en escenarios de tensión, mitigar la sensibilidad del capital a los ciclos económicos, y reducir el riesgo sistémico.
Moody’s Local evalúa de forma positiva el fortalecimiento gradual de los marcos de capital y liquidez en la región.
En términos del capital, considera favorable los niveles requeridos por encima del mínimo internacional y la introducción de colchones regulatorios que mejoren la capacidad de absorción de pérdidas y mitiguen riesgos sistémicos en algunos países.
Sin embargo, la entidad señala que el avance es lento y se beneficiaría de una mayor focalización sobre la calidad del capital, al incorporar definiciones de capital primario ordinario, primario adicional y secundario, acorde a los lineamientos de Basilea III.
Marco de capital
En cuanto a los marcos de capital caracterizados por requerimientos relativamente elevados en términos de coeficientes mínimos, Moody’s Local señala que República Dominicana exige un 10%, mientras que El Salvador se ubica en un 12%, uno de los más altos de la región.
“Si bien, en ambos, el coeficiente de capital exigido supera el estándar base internacional, no incorporan formalmente colchones adicionales o el fortalecimiento de capital de mayor calidad acorde a Basilea III, lo cual limita la aproximación hacia el enfoque macroprudencial y su alcance”, refiere el informe.
Señala que persisten riesgos de implementación y de brechas regulatorias entre países, especialmente en jurisdicciones con calendarios de transición prolongados o marcos híbridos, además de las diferencias relevantes en la medición entre jurisdicciones.








