La democracia hay que defenderla. No hay duda. Sin embargo, el Gobierno dominicano ha elevado el “reculeo” a la categoría de alta política. Vivimos en una democracia tan líquida que, ante el mínimo susurro de protesta en redes sociales, los proyectos oficiales dan marcha atrás con una velocidad digna de campeonato de Fórmula 1.
Suena bien. ¡Un aplauso por escuchar al pueblo! Pero ojo, que la línea entre la concertación y la parálisis total es peligrosamente delgada.Convertir el Estado en una veleta que cambia de rumbo según el viento del trending topic no es gobernar, es marear.
Hay proyectos vitales, legislativos y estructurales, que duermen el sueño de los justos en el limbo de la indecisión por puro pánico al costo político. Escuchar es de sabios; ser incapaz de sostener el timón por miedo a las olas es otra cosa. Hay que actuar, pero ¡Ya!








