La resiliencia económica no comienza cuando estalla una crisis, sino mucho antes, mediante decisiones responsables, instituciones sólidas y políticas que generen confianza.
Ese fue el principal mensaje de la viceministra de Crédito Público, María José Martínez, en la conferencia titulada “La economía dominicana ante los choques globales: estrategias para anticipar, mitigar impactos y fortalecer la resiliencia económica” durante la celebración del XXIX Congreso Internacional de Finanzas y Auditoría (CIFA) y el XXIV Seminario Latinoamericano de Contadores y Auditores (Selatca), organizado por la Asociación de Bancos Múltiples (ABA).
Martínez señaló que el entorno internacional atraviesa un período de “incertidumbre radical”, caracterizado por conflictos geopolíticos, tensiones comerciales, inflación, cambios tecnológicos, ciberseguridad, inteligencia artificial, transición energética y cambio climático. A su juicio, economías abiertas como la dominicana deben concentrarse menos en intentar evitar esos eventos y más en desarrollar la capacidad para responder cuando ocurran.
“La resiliencia económica no comienza cuando aparece la crisis. La resiliencia se construye muchos años antes”, afirmó. Agregó que esa capacidad depende de decisiones adoptadas en períodos de estabilidad, del fortalecimiento institucional y de la credibilidad que un país construye ante inversionistas y mercados.
La funcionaria recordó que la pandemia dejó una de las principales lecciones para la política económica reciente. Explicó que los países que contaban con instituciones fortalecidas, acceso al financiamiento y credibilidad pudieron reaccionar con mayor rapidez y reducir los costos económicos y sociales derivados de la emergencia.
En el caso dominicano, sostuvo que esa preparación permitió proteger a los sectores más vulnerables, respaldar a las empresas y facilitar la recuperación de la actividad económica.
Política económica
Otro de los planteamientos centrales fue que la política económica no puede impedir que los choques internacionales afecten a una economía abierta.
Según explicó, factores como el precio del petróleo, las tasas de interés internacionales o los conflictos geopolíticos escapan al control de cualquier gobierno. En consecuencia, el reto consiste en administrar esos impactos para reducir sus efectos sobre las familias, las empresas y las finanzas públicas.
Martínez indicó que la estrategia económica reciente ha buscado preservar la estabilidad macroeconómica, amortiguar el efecto del aumento de los precios internacionales y mantener la inversión pública como motor del crecimiento.
“La resiliencia no elimina el costo de los choques. La resiliencia evita que esos choques cambien el rumbo de nuestro desarrollo”, expresó. La viceministra consideró que la aprobación de la Ley de Responsabilidad Fiscal fortalece la disciplina presupuestaria, aporta previsibilidad y mejora la confianza de los mercados, elementos que, a su entender, amplían la capacidad del Estado para responder en escenarios adversos.
Desde la perspectiva del crédito público, explicó que la administración de la deuda va más allá de obtener financiamiento. Indicó que la gestión implica reducir riesgos mediante decisiones sobre la composición de la deuda, los plazos de vencimiento, la estructura entre tasas fijas y variables, la diversificación de inversionistas y el fortalecimiento del mercado doméstico de deuda. Aunque muchas de esas medidas pasan desapercibidas, sostuvo que son determinantes cuando aumentan la volatilidad y la incertidumbre internacional.
Como resultado de ese proceso, señaló que el país ha fortalecido su mercado local de deuda y ha mejorado su perfil de vencimientos, lo que incrementa su capacidad de respuesta frente a escenarios externos adversos.
Asimismo, la funcionara afirmó que las recientes mejoras en las calificaciones crediticias reflejan el fortalecimiento institucional y la estabilidad macroeconómica alcanzada durante los últimos años.
Martínez citó, además, cifras recientes del Banco Central que muestran un crecimiento interanual de 6.4% en junio, impulsado por sectores como construcción, minería, zonas francas, turismo y servicios financieros. No obstante, advirtió que ese desempeño no elimina los riesgos externos que continúan presentes.
Al concluir su intervención, sostuvo que el país debe prepararse para enfrentar desafíos cuya naturaleza aún se desconoce. “No sabemos cuál será el próximo gran choque”, dijo, al mencionar que podría tratarse de una nueva pandemia, una crisis financiera, un conflicto geopolítico, un evento climático extremo o una disrupción tecnológica.
En ese contexto, Martínez insistió en que la diferencia entre las economías estará determinada por la fortaleza de sus instituciones, la credibilidad de sus políticas públicas y las decisiones adoptadas antes y no solo después de que aparezca la siguiente crisis.
Riesgos que definirán la economía del futuro
Para María José Martínez, viceministra de Crédito Público, los desafíos que enfrentarán las economías en los próximos años serán distintos a los que marcaron las últimas décadas. Si antes las crisis financieras concentraban la mayor preocupación, ahora el panorama incluye riesgos asociados a la inteligencia artificial, la ciberseguridad, el cambio climático, la transición energética y la fragmentación del comercio internacional.
La viceministra de Crédito Público sostuvo que, aunque no es posible anticipar cuándo ocurrirá el próximo gran choque ni cuál será su magnitud, sí es posible reducir la vulnerabilidad mediante inversiones sostenidas en capital humano, innovación, infraestructura, transformación digital y fortalecimiento institucional.
En ese contexto, afirmó que la resiliencia dejará de ser una ventaja para convertirse en una condición indispensable para que las economías mantengan el crecimiento, preserven la confianza de los mercados y aprovechen las oportunidades que surgirán en un entorno internacional cada vez más cambiante e incierto.







