Llevar alivio a la avenida República de Colombia ha sido como intentar ensanchar los pulmones de un gigante que creció demasiado rápido. Por años, esta arteria fue el cuello de botella de un desarrollo urbanístico voraz. El asfalto se sentía asfixiado por el concreto de los nuevos residenciales.
Sin embargo, y ojo con esto, hoy se respira un aire de cambio. Hay que decirlo: las intervenciones han comenzado a desatar los nudos que inmovilizaban la zona. Lo que antes era un laberinto de paciencia a prueba de fuego, hoy empieza a fluir como un río que recupera su cauce.
Estas obras, por lo que se nota, no parecen ser solo parches, sino una cirugía reconstructiva necesaria para que la resiliencia urbana no sea un mito. La aspiración, ha de suponerse, es que deje de ser una vía de escape para convertirse en un verdadero camino de convivencia, elevando la plusvalía y la calidad de vida.





