Los tres artículos anteriores de esta serie describieron cómo está armada la cartera de las administradoras de fondos de pensiones (AFP), quién decide sus límites y cuánto cobran por administrarla. Ninguno de esos datos, sin embargo, responde la pregunta que más le importa a un afiliado en un escenario adverso: si algo sale mal, ¿qué tan expuesto está su ahorro? Hay tres riesgos que la arquitectura del sistema no resuelve del todo, y que vale la pena nombrar con precisión.
El primero es la concentración soberana. Como vimos, el 57.02% de la cartera del sistema está en deuda del Ministerio de Hacienda y otro 7.87% en instrumentos del Banco Central: casi 65% del ahorro previsional del país depende de la capacidad de pago de dos emisores ligados entre sí -el Tesoro y el Banco Central dominicanos-, ambos del Estado.
Es, a mi juicio, una concentración razonable dado el objetivo legal de priorizar la seguridad del ahorro obligatorio -la deuda soberana suele ser el activo de menor riesgo relativo dentro de cualquier economía-, pero sigue siendo concentración: no existe, en el sistema, una verdadera cobertura si el riesgo país dominicano se deteriorara de forma significativa.
“Casi 65% del ahorro previsional del país depende de dos emisores estrechamente ligados entre sí: el Tesoro y el Banco Central de la República Dominicana”.
El segundo es el riesgo de liquidez en los fondos cerrados. El 18.28% de la cartera en fondos de inversión -casi todo en fondos cerrados, según el segundo artículo de esta serie- está inmovilizado por plazos que suelen rondar entre siete y 15 años. Esto no es un problema para el sistema en su operación normal: los fondos de pensiones tienen, por diseño, un horizonte de inversión larguísimo.
El riesgo aparece en un escenario específico: si un número inusualmente alto de afiliados solicitara traspasos o retiros en un periodo corto -un episodio de desconfianza generalizada, por ejemplo- la porción líquida de la cartera (renta fija que sí cotiza y se puede vender) tendría que absorber esa presión, porque la porción en fondos cerrados, por definición, no se puede liquidar antes de su plazo sin una pérdida de valor.
El tercero es el más sorprendente de los tres: la ausencia casi total de inversión internacional. Revisé el detalle completo de la cartera del sistema por emisor, publicado por la Superintendencia de Pensiones (Sipen) al cierre de 2025 -incluyendo no solo las cuentas de capitalización individual, sino también el Fondo de Solidaridad Social y los fondos de reparto que administra el mismo sistema- y no encontré una sola línea correspondiente a instrumentos extranjeros en ninguno de ellos.
El 100% de los más de RD$1 billón 274,341 millones administrados por las siete AFP está invertido en emisores dominicanos. No logré confirmar un límite legal explícito de inversión en el exterior en la Ley 87-01 de Seguridad Social, ni en sus resoluciones complementarias, así que no puedo afirmar si el sistema no invierte afuera porque la ley se lo impide, porque la Comisión Clasificadora de Riesgos y Límites de Inversión aún no ha calificado ninguna alternativa extranjera, o por decisión propia de las AFP.
“El 100% de los más de RD$1 billón 274,341 millones administrados por las siete AFP (ahora seis) está invertido en emisores dominicanos”.
A mi juicio, esta última cifra es la que merece más atención de las tres, precisamente porque contradice un principio básico de gestión de riesgo: ningún país, por sólida que sea su economía, debería concentrar el 100% del ahorro de largo plazo de su población dentro de sus propias fronteras.
Es justo reconocer que esta concentración no es exclusiva de República Dominicana entre los sistemas de capitalización individual jóvenes, y que la ausencia de inversión externa históricamente ha coincidido con años de crecimiento económico dominicano sólido -el riesgo no se ha materializado-.
Pero un riesgo que no se ha materializado sigue siendo un riesgo, y el sistema no ofrece hoy ninguna válvula de escape si la economía dominicana atravesara un ciclo prolongado de bajo crecimiento.
Para el afiliado, estos tres riesgos no son motivo de alarma inmediata -ninguno se ha manifestado como pérdida real hasta ahora-, pero sí son la respuesta correcta a una pregunta que rara vez se hace: ¿qué tan diversificado está realmente mi ahorro obligatorio, más allá de los tres niveles de la pirámide que ya describimos?
La respuesta, con los datos actuales, es menos de lo que la “diversificación” sugiere.







