Un solo fondo para todos. Los cuatro artículos anteriores de esta serie describieron una sola cartera: la del sistema dominicano completo.
No fue una simplificación editorial: La Superintendencia de Pensiones (Sipen) reporta una composición única para todo el sistema, y no encontré evidencia de que República Dominicana ofrezca distintos perfiles de riesgo dentro de una misma administradora de fondos de pensiones (AFP).
Un afiliado de 25 años y uno de 60 están, en la práctica, invertidos igual. La “libre elección” que la Ley 87-01 del Sistema Dominicano de Seguriadd Social consagra como principio se refiere, según el uso habitual del término, a elegir la AFP, no a elegir cómo esa administradora invierte tu dinero.
Chile fue el pionero regional
Desde 2002, ofrece cinco opciones -de la A (más riesgosa, hasta 80% en renta variable, es decir, en acciones) a la E (más conservadora, hasta 5%)-, con restricciones de edad para el fondo más agresivo.
El dato más interesante es que Chile está por abandonar este modelo: desde abril de 2027, los multifondos A-E desaparecen para el ahorro obligatorio, reemplazados por “fondos generacionales” que ajustan el riesgo automáticamente según el año de nacimiento, sin que el afiliado tenga que elegir. Mis fuentes no coinciden en cuántos serán -15 según la propuesta inicial, al menos 10 según reportes recientes-, así que prefiero no fijar cifra.
“La “libre elección” que consagra la Ley 87-01 se refiere a elegir la administradora, no a elegir cómo esa administradora invierte tu dinero”.
México ya hizo ese tránsito
Desde 2019, sus Afore (admnistradores de fondos de retiro) asignan automáticamente a cada trabajador una de 10 Siefore (sociedad de inversión especializada en fondos de retiro) generacionales según su año de nacimiento, y el riesgo de la cartera se reduce solo, de forma gradual, conforme el afiliado envejece. El trabajador nunca elige ni necesita saber en qué fondo está para que el sistema funcione a su favor.
Modelo de elección activa
Perú ofrece cuatro fondos -del Fondo 0 (protección de capital, para mayores de 65) al Fondo 3 (crecimiento agresivo)-, aunque casi dos tercios de los afiliados permanecen en el Fondo 2, asignado por defecto.
Colombia ofrece tres -conservador, moderado y de mayor riesgo-, con una particularidad reciente: una norma de 2018 permite reasignar automáticamente al fondo de mayor riesgo a los afiliados jóvenes que no elijan otra opción.
Según cifras de 2023, esto ya llevaba a que más de 70% de los cotizantes colombianos terminaran, por defecto, en el fondo más agresivo.
Patrón regional
El patrón regional es revelador: los cuatro países coinciden en que el riesgo debería ajustarse según la edad del afiliado. Donde difieren es en el mecanismo -elección activa (Perú, Colombia) frente a ajuste automático (México, y pronto Chile)-, y la tendencia reciente favorece lo segundo.
A mi juicio, esto no es casualidad: que la mayoría nunca ejerza activamente su derecho a elegir -se queda en el fondo por defecto, como muestran los datos de Perú y los de Colombia anterior a 2018- sugiere que una opción que casi nadie usa aporta menos valor que ajustar el riesgo automáticamente para todos. Es justo reconocer lo que se pierde: el modelo automático también le quita agencia a la minoría que sí gestiona activamente su riesgo.
La brecha dominicana
República Dominicana no participa de ninguno de los dos modelos: no hay elección activa porque no hay fondos entre los cuales elegir, y no hay ajuste automático porque no existe un mecanismo que reduzca el riesgo según se acerca la edad de retiro del trabajador.
El sistema invierte igual el ahorro de quien le faltan 40 años para jubilarse que el de quien le faltan cuatro. El costo corre en dos direcciones: para quien está cerca del retiro es menor de lo que parece, porque el fondo único ya es mayoritariamente conservador -76% en renta fija-, así que no está expuesto a una cartera agresiva.
Pero para el joven de 25 años, el costo sí es real: pasa décadas atado a esa misma cartera conservadora, cuando su horizonte le permitiría tolerar más riesgo a cambio de mayor rentabilidad esperada.
Es, a mi juicio, un costo de oportunidad silencioso: no aparece como pérdida en ningún estado de cuenta, pero se acumula, año tras año, como la diferencia entre la rentabilidad que el sistema entregó y la que un afiliado joven pudo haber obtenido con una asignación de riesgo adecuada a su edad.
¿RD puede sostenerlo?
Antes de exigir un cambio, cabe una objeción seria: ¿hay en este país suficientes instrumentos distintos entre sí para construir fondos genuinamente diferenciados por riesgo?
El segundo artículo de esta serie mostró que 76% de la cartera es renta fija directa, mayormente soberana; el cuarto, que cero por ciento está invertido en el exterior.
Un fondo “agresivo” a la chilena necesita renta variable diversa y mercados que no se muevan todos igual; si el universo local es tan angosto, la ausencia de multifondos podría reflejar que el mercado de capitales dominicano aún no da para sostenerlos, no solo es un vacío regulatorio.
Es una objeción parcialmente válida, pero no decisiva: el modelo mexicano de fondos generacionales no depende de clases de activo exóticas, solo ajusta la mezcla entre renta fija y variable dentro de lo que cada administradora ya tiene disponible, algo replicable con el universo dominicano actual, por limitado que sea.
No está prohibido; simplemente no se conversa
Revisé los artículos de la Ley 87-01 que rigen la inversión de los fondos (96, 97 y 99) y no encontré una razón legal para esta ausencia: fijan qué se puede comprar y quién decide los límites, pero no contemplan, ni para prohibir ni para permitir, carteras distintas según el perfil del afiliado.
Es silencio regulatorio en esos artículos -no revisé la ley completa-, y resulta más notable porque, mientras escribo esto, la Comisión Bicameral de Seguridad Social del Congreso tiene bajo estudio nueve propuestas de reformas a la Ley 87-01, entre las que la prensa ha reportado ideas tan distintas como eliminar las AFP, subir la cotización de 9.97% a 15%, o cambiar la edad de retiro.
En ninguna de las que pude revisar aparece un ajuste de riesgo por edad, aunque no descarto que alguna de las nueve, que no vi en detalle, lo contemple. A mi juicio, la brecha más concreta que deja esta comparación no es que la ley lo impida ni que el mercado no dé para ello, sino que nadie lo ha puesto todavía sobre la mesa de forma visible, pese a que la región converge hacia adoptarlo.






