El crecimiento económico dominicano actual plantea una paradoja social profunda que nace de su propio éxito: ¿será que mientras mejor nos sentimos olvidamos de dónde venimos y somos más exigentes porque ya cambiaron nuestras prioridades? a nivel macroeconómico, el PIB dominicano mantiene una de las trayectorias de crecimiento más dinámicas y estables de América Latina.
Este auge ha impulsado una notable movilidad social, permitiendo que miles de ciudadanos asciendan en la escala socioeconómica y accedan a mejores niveles de consumo.
Sin embargo, en este mismo orden, se registra un aumento sistemático en las quejas colectivas. La contradicción radica en que la superación de las carencias básicas del pasado inmediato, como el acceso a servicios esenciales, no genera complacencia, sino que transforma las demandas ciudadanas.






