La primera ministra británica, Theresa May, anunció este martes que la reina Isabel II, jefa del Estado británico, sancionará “en los próximos días” la ley del “brexit”, lo que dará al Gobierno potestad para iniciar la negociación con Bruselas.
En una declaración parlamentaria, May explicó que, una vez la ley de Salida de la Unión Europea (UE) reciba la sanción real, ella retornará al Parlamento “a final de mes” para comunicar a los diputados su activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa.
La Cámara de los Lores dio el visto bueno definitivo al proyecto de ley del “brexit”, lo que permite a la primera ministra, tras la rúbrica real, activar ese artículo, lo que iniciará los dos años de posible negociación con Bruselas para la salida del Reino Unido del bloque.
Los senadores accedieron a respaldar la legislación sin las enmiendas que habían introducido días atrás para proteger los derechos de los comunitarios y otorgar poder al Parlamento para vetar el “brexit”, ambas suprimidas previamente por la Cámara de los Comunes (baja).
En su intervención para informar sobre la última cumbre del Consejo Europeo, May confirmó a los diputados que la ley sigue su curso y estará lista para que ella pueda activar el artículo “a finales de mes”, como tenía previsto.
La líder conservadora subrayó su intención de alcanzar un acuerdo con Bruselas que “funcione para todo el Reino Unido” y aseguró que el país saldrá de la UE “fuerte y con autogobierno, con control sobre las fronteras y las leyes”.
Pese a las quejas de las autonomías, en especial de Escocia, de falta de cooperación sobre el “brexit”, insistió en que trabaja con ellas y está “escuchando sus inquietudes”, al tiempo que remarcó que “este no es el momento para divisiones”, sino que “hay que unir al país”.
La ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, pidió ayer un segundo referéndum de independencia para Escocia en 2018 o 2019 ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con el Gobierno de Londres sobre los términos de la salida de la UE.
Sturgeon reveló que la semana próxima solicitará autorización al Parlamento de Edimburgo para obtener del Ejecutivo de Londres una orden que permita al Legislativo escocés regular la convocatoria del plebiscito.
La primera ministra aborda las negociaciones con Bruselas con grandes presiones internas de las autonomías y de los sectores económicos para garantizar los derechos de los ciudadanos comunitarios en el Reino Unido y el máximo acceso de este país al mercado europeo.
En el debate de este lunes, la Cámara de los Comunes, con mayoría conservadora, suprimió las dos únicas enmiendas de la ley, que exigían al Gobierno asegurar los derechos de los ciudadanos comunitarios y permitir al Parlamento votar sobre el futuro acuerdo de salida de la UE.
En una sesión que se alargó hasta la noche, la Cámara de los Lores accedió a aprobar el texto sin esos anexos, que introdujeron días atrás, para no entorpecer la tramitación de una ley que entró en el Parlamento el 26 de enero y se ha tratado con carácter de urgencia.
Pronto, Londres y Bruselas negociarán cómo deshacer más de cuatro décadas de integración -el Reino Unido accedió en 1973 a la Comunidad Económica Europea (CEE), el grupo que precedió a la UE-.
Un portavoz de Downing Street, despacho oficial de la primera ministra, dijo que el inicio del “brexit” no se producirá hasta final de mes, a pesar de que en los últimos días se había especulado con que May enviaría la notificación oficial a las instituciones comunitarias mañana mismo.
Esa misma fuente aseguró que el anuncio de que la primera ministra de Escocia, la nacionalista Nicola Sturgeon, planea un nuevo referéndum sobre la independencia de la región no ha afectado al calendario de May para iniciar la desconexión.
La primera ministra ha insistido en las últimas semanas en que tiene intención de garantizar los derechos adquiridos por los europeos en el Reino Unido y dar voz al Parlamento, pero cree que comprometerse a hacerlo por ley le impediría jugar esas cartas durante las futuras negociaciones con la UE.
May espera lograr medidas recíprocas para los británicos que viven en el resto del continente, además de forjar las bases de un acuerdo comercial con los 27 socios comunitarios restantes.
“No vamos a entrar en las negociaciones con las manos atadas”, recalcó durante el debate el ministro para el “brexit”, David Davis, que aseguró sin embargo que “eso no significa que no se tengan en cuenta las preocupaciones que subyacen tras esas enmiendas”.
El laborista Hilary Benn criticó que el Gobierno interprete el escrutinio del Parlamento como “cuerdas” que pueden atar sus manos.
Argumentó, además, que el Ejecutivo “ha sido tan claro al afirmar que espera garantizar el estatus y los derechos” de los europeos que difícilmente podrá “ponerlo en juego” en las negociaciones.
Durante el debate, decenas de personas se manifestaron frente al palacio de Westminster, sede de las dos cámaras británicas, a favor de que se mantenga el actual estatus de los europeos en el Reino Unido.
Sobre la futura mesa de negociaciones estará su derecho a residir en el país y su acceso a servicios públicos como la sanidad y la educación, entre otras cuestiones.
May ha avanzado que tiene intención de abandonar el mercado único europeo, el club que permite intercambiar bienes y servicios sin aranceles pero que exige la libre circulación de ciudadanos, lo que choca con el objetivo de Londres de “recuperar el control” de sus fronteras.
A pesar de que el Gobierno considera “improbable” que el plazo de dos años se agote sin haber alcanzado un acuerdo, el ministro del “brexit” ha advertido de que se están elaborando planes de contingencia para ese escenario.
Mientras, la petición de otro referéndum sobre la independencia escocesa puede amenazar la integridad del Reino Unido, según los expertos.
En un sorpresivo anuncio, cuando May parecía dispuesta a invocar inmediatamente el “brexit”, la ministra principal escocesa, Nicola Sturgeon, le cerró el paso al anunciar ayer que promovería la legislación para convocar otro plebiscito antes de la primavera de 2019.
Molesta por la negativa de Londres a defender los intereses de Escocia ante el “brexit”, Sturgeon comunicó su intención de celebrar la consulta en forma paralela a las negociaciones de May sobre el “divorcio” británico de la Unión Europea (UE).
El experto político Simon Usherwood, de la Universidad inglesa de Surrey, dijo a Efe que Sturgeon adelantó su plan porque era “la mejor oportunidad que tenía de poner a May en una posición difícil”, algo que -dijo- “complica el proceso del artículo 50”, que establece el comienzo de las negociaciones formales con el bloque europeo.
Para este analista, la primera ministra afronta tres problemas internos en los próximos dos años de conversaciones con los 27.
El primero, según Usherwood, es que “Escocia puede no estar en el Reino Unido para cuando terminen las negociaciones” con Bruselas; el segundo será la “complejidad” de gobernar en el país, sobre todo con las autonomías, y el tercero porque la consulta escocesa tendría un impacto “en Irlanda del Norte y Gales, que pedirán más autonomía”.
Tras el anuncio de Sturgeon, el partido nacionalista Sinn Féin abogó por la celebración “cuanto antes” de un referéndum sobre la reunificación de la isla de Irlanda para hacer frente al impacto de la futura salida del Reino Unido de la UE.
La líder de la formación en Irlanda del Norte, Michelle O’Neill, acusó al Gobierno de May de “negarse a escuchar” a la mayoría de los norirlandeses que apoyaron la permanencia en la UE.
Según dijo a Efe el profesor de Políticas Michael Keating, de la Universidad de Aberdeen, el plebiscito tendrá “consecuencias” porque el Reino Unido “podría perder” el territorio “más europeísta”, quedando la política centrada en Inglaterra, con su visión “más euroescéptica”.
El Gobierno conservador de May considera que un segundo plebiscito sobre la independencia, después del primero celebrado en 2014, causará una “gran incertidumbre económica” en momentos en que el país negocia su salida, además de provocar divisiones políticas.
Aunque a simple vista May no parece dispuesta a ceder a las aspiraciones de los nacionalistas escoceses de Sturgeon, a largo plazo puede verse forzada a aceptar la petición por razones democráticas, de acuerdo con los expertos.
“Es muy difícil no permitirlo porque May ha hablado tanto de la ‘voluntad del pueblo’ tras el referéndum europeo (del pasado 23 de junio)”, señaló Simon Usherwood a Efe.
En este mismo sentido opinó Keating, quien considera que puede ser “políticamente imposible resistir un referéndum de independencia” después de haber concedido uno.
La cuestión que se presenta ahora, agregó Keating, es el momento en que podría convocarse, dado que el Gobierno espera reiterar la necesidad de que se celebre una vez que el Reino Unido salga del bloque europeo, posiblemente en la primavera de 2019.
Para la secretaria de Asuntos Exteriores del Gobierno autónomo escocés, Fiona Hyslop, la región -que está a favor de permanecer en el mercado único europeo- no puede quedar “a la deriva” durante los dos años de negociaciones con Bruselas.
“Hemos tratado de trabajar con el Gobierno del Reino Unido, pero no hemos tenido a cambio nada sustancioso. No podemos quedar a la deriva durante los próximos dos años, tenemos que aportar un fuerte liderazgo político y eso es exactamente lo que ha hecho la ministra principal, Nicola Sturgeon”, añadió Hyslop.
El enfrentamiento entre Londres y Edimburgo ha saltado incluso hoy a las páginas de las viñetas, que retratan a May y a Sturgeon como en los mejores duelos del siglo XVIII, al aparecer armadas, de espaldas y bajo el titular: “Pistolas al amanecer”.











