Las tarjetas de crédito personales se consolidan como una de las principales puertas de entrada al sistema financiero dominicano, al concentrar más de la mitad de los nuevos deudores incorporados durante el último año, de acuerdo con un informe reciente de la Superintendencia de Bancos.
A mayo de 2026, ingresaron 152,830 nuevos deudores al sistema financiero en los últimos 12 meses. De ese total, el 55.8% (85,225 personas) accedió por primera vez al crédito a través de una tarjeta de crédito personal. Esta proporción supera en 21.3 puntos porcentuales el promedio observado antes de 2020, evidenciando el creciente papel de este producto financiero como vía de inclusión crediticia.
El informe también revela que, a julio de 2026, el sistema financiero contaba con 2.05 millones de tarjetahabientes. Banreservas lideró el mercado en cantidad de deudores únicos con al menos una tarjeta de crédito, con 1,180,510 clientes, lo que representa un crecimiento interanual de 3.6%. Le siguieron el Banco Popular, con 548,999 deudores (-2.3%); el BHD, con 405,938 (-2.8%); y la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos (APAP), con 212,638 (+5.3%).
No obstante, el dinamismo de la cartera de tarjetas de crédito personales muestra señales de moderación. La Superintendencia de Bancos señala que este segmento se encuentra en la etapa final de un ciclo crediticio que, tras una fase de expansión, ha enfrentado ajustes en el apetito de riesgo y en los procesos de gestión de las entidades financieras, reflejados en criterios de otorgamiento más estrictos.
En ese contexto, la cartera total de tarjetas de crédito personales alcanzó los RD$125,429 millones (US$2,084.58 millones) a julio de 2026, con un crecimiento interanual nominal de 2.1%, equivalente a una desaceleración de 15.1 puntos porcentuales respecto a julio de 2025. En términos reales, la cartera registró una contracción de 1.9%.
Asimismo, el número de créditos otorgados mediante tarjetas de crédito se situó en 3,567,701, lo que representa una disminución de 1.3% en comparación con julio de 2025, equivalente a 45,830 créditos menos. Esta evolución refleja una desaceleración de 8.4 puntos porcentuales frente al crecimiento de 7.2% registrado un año antes.
Pese a esta moderación, los datos indican que las tarjetas de crédito mantienen una participación relevante dentro del sistema financiero. A julio de 2026, representaban el 5.1% de la cartera total, ligeramente por encima de su importancia histórica y 0.1 puntos porcentuales por encima del nivel observado en 2019.
El análisis por entidades muestra que el 42.9% de las instituciones financieras incrementó la participación de las tarjetas de crédito dentro de su cartera total al compararse con 2019, mientras que solo el 19.0% registró aumentos al compararse con 2025. Entre las entidades con mayor peso relativo de este producto dentro de su cartera destacan QIK, con una participación de 39.4%; Santa Cruz, con 9.0%; y Promérica, con 8.6%.
En términos de saldo de cartera, Popular, Banreservas, BHD y APAP concentraron el 71.4 % del total de tarjetas de crédito del sistema. Los saldos alcanzaron RD$32,424 millones, RD$27,646 millones, RD$19,993 millones y RD$9,515 millones, respectivamente.
Por otro lado, algunas entidades registraron saldos promedio superiores al promedio del sistema debido a una mayor concentración en productos dirigidos al segmento premium. El BLH encabezó este indicador con un saldo promedio de RD$95,996, seguido por BDI con RD$88,662 y Promérica con RD$62,510. El promedio nominal del sistema se ubicó en RD$39,519.
Moneda nacional
La Superintendencia de Bancos destacó que la cartera de tarjetas de crédito personales en moneda nacional acumula cuatro meses consecutivos de reducción en términos reales, con una variación de -1.9% a julio de 2026. Este comportamiento se encuentra en línea con la contracción de la cartera de consumo (-3.3%) y sugiere que el crédito se encuentra actualmente en la fase baja del ciclo crediticio.
Según el organismo supervisor, esta dinámica podría estar asociada a una mayor cautela de las entidades financieras en su apetito de riesgo y a ajustes en sus políticas de otorgamiento y administración del crédito. Además, contrasta con la recuperación observada en la actividad económica, lo que indica que el financiamiento a los hogares aún no acompaña plenamente la mejora del ciclo económico.












