La capacitación de los maestros puede fortalecerse en pocos años, pero mejorar las condiciones socioeconómicas que rodean a los centros educativos requiere más tiempo. Esta diferencia es uno de los aspectos señalados por el investigador Kiero Guerra al analizar las brechas del sistema educativo dominicano mediante datos geográficos, históricos y censales.
Entrevistado por elDinero, luego de presentar la investigación “Mapas Educativos: geolocalizando las brechas del sistema educativo dominicano”, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), Guerra explicó que el rendimiento de los centros no puede analizarse únicamente a partir de lo que ocurre dentro de las aulas.
El estudio examina cómo se relacionan los resultados de las pruebas nacionales con el desempeño de años anteriores, la ubicación geográfica de cada centro y las características socioeconómicas de su entorno.
Guerra aclaró que estas variables permiten identificar patrones y anticipar resultados, pero no demuestran necesariamente que un factor sea la causa directa del rendimiento académico.
Al referirse a las posibles respuestas del Estado, consideró que la formación docente es un aspecto en el que pueden observarse avances en un período relativamente corto. En cambio, las condiciones económicas y sociales de las comunidades representan un desafío más complejo.
“Eso toma más tiempo”, afirmó al referirse a la depresión socioeconómica y a la falta de motivación para estudiar asociada a las condiciones del entorno.
El investigador sostuvo que cada distrito y regional educativa debe analizarse de manera particular para determinar cuáles factores tienen mayor peso en sus resultados. Esto permitiría orientar las intervenciones según las necesidades de cada localidad, en lugar de aplicar una respuesta uniforme a todo el sistema.
La investigación identifica mayores rezagos en las zonas rurales aisladas y en la región sur. También señala la presencia de localidades con resultados históricamente bajos en el este del país, particularmente en áreas situadas entre Santo Domingo y la zona de Higüey.
Otro de los hallazgos que llamó la atención de Guerra es la persistencia de los resultados académicos. Mientras algunos centros mantienen un buen desempeño, otros continúan obteniendo puntuaciones bajas en el histórico de las pruebas nacionales.
A su juicio, el reto consiste en identificar qué intervenciones necesitan esos centros y comprobar si producen cambios. Para ello, los mapas pueden servir como referencia para establecer prioridades y dar seguimiento a los resultados después de las inversiones realizadas.
El estudio plantea así una lectura territorial del desempeño escolar, en la que la preparación de los maestros y las condiciones de las comunidades forman parte de un análisis más amplio de las brechas educativas.










