La economía no actúa en base a la moral y el mercado, como parte del sistema, tampoco. Un médico salva vidas, y un jugador de béisbol, por su actividad, no. Bad Bunny, es menos útil que un médico partiendo de lo que hace, pero impacta a más personas y, por tal razón, genera más recursos y beneficios. Es escalable. La escalabilidad del valor, como dicen los economistas, por la desigualdad de resultados, implica factores a tomar en cuenta.
A diferencia de la desigualdad de oportunidades (que evalúa si todos parten de la misma línea de salida), la desigualdad de resultados mide qué tan dispares son las condiciones de vida y los logros materiales a los que se llega en una sociedad.
Y para que quede claramente establecido, escalabilidad del valor es la capacidad de un modelo de negocio, producto o servicio para multiplicar la entrega de su propuesta de valor a un número creciente de clientes o consumidores, sin que los costos asociados crezcan al mismo ritmo. ¿Dónde y cómo se logra esto?
Hagamos la siguiente pregunta: ¿por qué David Ortiz se hizo millonario sin estudios? ¿Por qué le cuesta tanto trabajo a un médico llegar a serlo? Entra al escenario la escalabilidad. Aquí entra la famosa Ley de Pareto, que plantea que un 20% de la población genera el 80% de los recursos o riquezas. El resto apenas tiene el 20%. Un pequeño porcentaje de la población genera la mayor parte de los resultados o valor agregado en una economía. Esto, al mismo tiempo, es lo que un grupo entiende como desigualdad e injusticia, pasando por alto que el mercado no mide a todos con la misma vara, pero sí ofrece igualdad de oportunidades para prepararse. En definitiva, una economía de libre mercado ofrece la oportunidad, no garantiza el resultado.
Si fuera por trabajar mucho y más duro, posiblemente el agricultor y los trabajadores del sector construcción fueran todos millonarios. Si fuera por estudiar, entonces los maestros fueran todos ricos y con la posibilidad de hacer grandes inversiones en el mercado de capitales. Sin embargo, todos sabemos que no es así.
Un mercado, en todo caso, no remunera esfuerzo ni moralidad, lo que sí hace es premiar el impacto escalable de la actividad económica y la escasez. Un jugador superestrella de béisbol impacta a millones de manera simultánea, mientras que un médico impacta sólo a una persona por unidad de tiempo. El valor del jugador de béisbol se escala, desde una misma unidad de tiempo, a través de los medios de comunicación masiva, tales como televisión, radio, internet, patrocinios y artículos de márquetin. No sucede igual con el médico u otro profesional.
Si lo analizamos bien, desde el punto de la sustituibilidad, hay pocos jugadores como Ortiz, pero, en cambio, hay cientos de miles de médicos que ofrecen y hacen lo mismo. Y hay sus excepciones, pero son eso: excepciones.
El ingreso, entonces, no depende de cuánto haces, sino de a cuántos consumidores puedes llegar con lo que haces o elaboras. También entra en juego cuán difícil sea reemplazar a quién lo hace.




