En esta semana tuve una experiencia personal muy retadora. Una periodista que entrevisté para llenar una vacante en el periódico, entre dudas, nervios, inseguridad, pero con una chispa de arrojo, me hizo la siguiente pregunta: ¿cómo ve usted la economía dominicana en estos momentos? Me sorprendió que me hiciera esa pregunta, ya que ha de suponerse que soy yo quien debía hacer las preguntas.
Aunque es una pregunta cerrada, es decir, responder con una respuesta simple, le expliqué la economía no podíamos definirla a partir de nuestra situación particular. Le expliqué que aceptar como válida una respuesta de alguien en particular jamás responderá a la realidad general.
Traté de ser lo más didáctico posible. Le conté que cuando salimos a la calle a hacer un sondeo para preguntarle a la gente cómo está la economía casi siempre las respuestas son disímiles. En algunos casos dicen que está mal, en otros que está regular o bien. Pero estos adverbios no son datos. Son las estadísticas, a partir de la aplicación de métodos, las que nos permiten medir cómo está marchando la economía.
Tomemos el comportamiento del producto interno bruto (PIB), una variable que mide la producción de bienes y servicios del país en un período determinado. Para eso, la institución encargada, que es el Banco Central, utiliza el indicador mensual de actividad económica (IMAE). Si le digo que está bien, que creció un 6.4% en junio y que el acumulado fue de 4.5% en el primer semestre, posiblemente eso sea lo mismo que hablarle en chino. ¿Puede una persona que está buscando un empleo pensar que todo está marchando bien cuando su situación particular está muy mala en términos económicos? Difícilmente crea esas cifras.
¿Le importaría a esa joven que la inversión extranjera directa haya alcanzado los US$3,276.5 millones durante el primer semestre de 2026 y que la inflación cerró en 5.67% cuando, muy probablemente, sienta que los alimentos que compra están más caros de lo que dice el Banco Central en su informe?
¿Qué puede significar para ella que el peso dominicano también haya acumulado una apreciación de 4.33%, favorecida por mayores ingresos de divisas por las exportaciones y las remesas cuando ella no ha recibido un centavo de esos? Esto sólo nos deja una lección: la información económica hay que aterrizarla, hacerla más humana y cercana a quienes realmente sienten lo bueno y lo malo del comportamiento de la economía.
Es más, esa joven, como cualquier otro dominicano, posiblemente ni le afecte ni sepa qué signifique que el endeudamiento público aumentara cerca de US$6,000 millones entre enero y junio de este año, llegando a US$67,370.7 millones, equivalentes al 47.9% del producto interno bruto.
Lo que sí es cierto es que muchos que trabajan en la informalidad ven su situación económica particular estancarse no por la falta de ingresos, sino por indisciplina financiera. No tienen se toman el tiempo ni para hacer un presupuesto de ingresos y gastos.







