El impacto económico de un ciclón tropical en República Dominicana puede prolongarse hasta por 15 meses y generar pérdidas cercanas al 1.5% del producto interno bruto (PIB). La estimación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pone de relieve la exposición de la economía dominicana a los fenómenos meteorológicos extremos y la necesidad de incorporar la resiliencia en las inversiones de infraestructura.
Durante una entrevista con elDinero, el gerente del Departamento Regional de Países de Centroamérica, Haití, México, Panamá y República Dominicana (CID) del BID, Tomás Bermúdez, explicó que preparar la infraestructura para resistir estos eventos puede reducir los daños físicos, las interrupciones de los servicios y los gastos de reconstrucción.
El desafío no consiste únicamente en disponer de recursos después de un desastre. También requiere diseñar obras capaces de mantener su funcionamiento durante eventos extremos. Bermúdez sostiene que la resiliencia debe incorporarse desde la planificación y el diseño de los proyectos, aunque esto pueda representar una inversión inicial mayor.
Según el ejecutivo, los beneficios económicos a largo plazo pueden superar esos costos adicionales, al disminuir las pérdidas materiales, las interrupciones de los servicios y las necesidades de reconstrucción. Para República Dominicana, esta planificación tiene implicaciones tanto para la continuidad de la actividad productiva como para la protección de las finanzas públicas.
Continuidad económica
La infraestructura eléctrica ocupa un lugar central en esta discusión. Los daños en las redes y las interrupciones del suministro pueden afectar el funcionamiento de las empresas y dificultar la recuperación de las actividades después de un fenómeno meteorológico extremo.
Por eso, el BID trabaja en dos frentes complementarios. El primero consiste en apoyar inversiones en sistemas eléctricos más resilientes y promover una planificación que incorpore los riesgos asociados a estos eventos. El segundo busca facilitar el acceso a financiamiento mediante préstamos, garantías, recursos concesionales y líneas de crédito contingentes.
Estos instrumentos permiten atender necesidades diferentes. Mientras la inversión en infraestructura busca reducir la vulnerabilidad antes de que ocurra un desastre, los mecanismos contingentes ayudan a disponer de recursos cuando se presentan determinadas emergencias.
República Dominicana cuenta con una Facilidad de Crédito Contingente de hasta US$400 millones, que permite acceder rápidamente a recursos después de determinados desastres naturales, emergencias sanitarias o sequías, de acuerdo con la información ofrecida por Bermúdez.
La disponibilidad de este financiamiento constituye una herramienta para responder a situaciones específicas, pero no sustituye la necesidad de reducir los riesgos de la infraestructura. La preparación previa y la capacidad de respuesta financiera cumplen funciones distintas dentro de la gestión de desastres.
El costo de prepararse
La resiliencia plantea una decisión sobre cómo distribuir las inversiones a lo largo del tiempo. Destinar recursos adicionales al diseño y la construcción de infraestructura más resistente puede elevar el costo inicial de los proyectos, pero también reducir los gastos asociados a los daños y a la recuperación posterior.
El planteamiento del BID parte de que los riesgos climáticos deben considerarse antes de ejecutar las inversiones, en lugar de limitar la respuesta a reparar los daños una vez ocurridos. Este enfoque resulta particularmente relevante para los sistemas eléctricos, cuya continuidad es necesaria para el funcionamiento de hogares y empresas.
La planificación también tiene una dimensión fiscal. Cuando un fenómeno extremo provoca daños en la infraestructura, el costo de recuperación puede generar necesidades adicionales de financiamiento. Reducir la vulnerabilidad puede contribuir a moderar esas necesidades y proteger los recursos públicos destinados a otras prioridades.
No obstante, la estimación de pérdidas cercanas al 1.5% del PIB y el período de afectación de hasta 15 meses citados por el BID corresponden al impacto potencial de los ciclones tropicales sobre la economía dominicana. No representan una pérdida anual fija ni significan que todos los fenómenos produzcan necesariamente ese resultado.
La propuesta de Bermúdez es incorporar la resiliencia como parte integral de las inversiones y combinarla con instrumentos financieros que permitan responder a las emergencias. Para una economía expuesta a ciclones tropicales, la preparación de la infraestructura y la disponibilidad de financiamiento son componentes complementarios para reducir las consecuencias económicas de estos eventos.












