Las altas temperaturas y las lluvias extremas pueden presionar los precios en República Dominicana durante varios meses, incluso después de que pase el fenómeno meteorológico. Así lo señala un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que examinó la relación entre los riesgos climáticos y la inflación en Centroamérica, Panamá y el país caribeño entre 1990 y 2025.
El “Análisis del impacto de los riesgos climáticos físicos en la inflación de Centroamérica, Panamá y la República Dominicana” identifica evidencia específica para República Dominicana en dos episodios: las lluvias extremas de octubre de 1990 y la ola de calor de octubre de 2023. En ambos casos, las estimaciones vinculan el fenómeno con un aumento acumulado cercano a 0.5 puntos porcentuales en el índice de precios al consumidor (IPC), aunque el momento y la duración de la presión fueron diferentes.
Las lluvias de octubre de 1990, asociadas a la interacción del huracán Klaus con otros sistemas meteorológicos, estuvieron relacionadas con presiones inflacionarias que se extendieron durante siete meses. El mayor efecto estimado se registró en el cuarto mes posterior al evento, cuando se aproximó a 0.5 puntos porcentuales.
Incremento
Para la ola de calor de octubre de 2023, el modelo calculó un incremento acumulado del IPC cercano a 0.5 puntos porcentuales, concentrado principalmente entre el segundo y el cuarto mes después del episodio. A partir de entonces, la presión inflacionaria comenzó a disiparse.
Estas cifras describen el efecto estimado sobre el índice general de precios. No significan que todos los bienes y servicios aumentaran en esa misma proporción, ni que toda la inflación registrada durante esos períodos se debiera al clima. Esto tampoco significa que todos los precios subieran en igual proporción. Los fenómenos extremos afectan los precios por distintas vías. Las lluvias intensas pueden inundar zonas, dañar cultivos y carreteras e interrumpir el abastecimiento. El calor puede reducir la producción agrícola y la disponibilidad de bienes. Si la oferta disminuye y la demanda se mantiene, los precios pueden subir.
El estudio advierte que estos riesgos podrían aumentar hacia mediados de siglo bajo un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero. Las simulaciones para 2040-2060 indican que algunos episodios extremos podrían generar presiones inflacionarias superiores a las estimadas con los patrones climáticos históricos.
Sin embargo, las cifras de ese escenario corresponden al análisis regional de Centroamérica, Panamá y República Dominicana, no a una proyección exclusiva para la economía dominicana. Según el modelo, una anomalía de temperatura con una probabilidad mensual de excedencia del 5% elevaría el crecimiento del IPC en 0.41 puntos porcentuales tres meses después, frente a 0.15 puntos bajo condiciones históricas. Para las lluvias extremas, el efecto estimado pasaría de 0.22 a 0.28 puntos porcentuales.
En el escenario de altas emisiones, la probabilidad anual de que las anomalías de temperatura generen una presión de al menos 0.4 puntos porcentuales sobre el IPC se acerca al 50% en la región. Para las lluvias extremas, se sitúa en 20%. Históricamente, las probabilidades eran de 0.4% y 2.4%.
La CEPAL recomienda incorporar los riesgos físicos del clima en los análisis de los bancos centrales. Las autoridades monetarias necesitan evaluar si los aumentos de precios serán transitorios o si pueden extenderse a las expectativas de inflación. Si los fenómenos se repiten o se superponen, presiones inicialmente temporales podrían durar más y complicar las decisiones de política monetaria.
El impacto depende de la intensidad del evento, los daños a la producción y al transporte, y la capacidad de sustituir productos afectados con oferta de otras zonas o importaciones. Para República Dominicana, los dos episodios históricos muestran que los choques climáticos pueden acompañarse de presiones sobre el IPC durante varios meses. Sin embargo, esos casos no permiten establecer una regla para todos los eventos futuros ni atribuir al clima, por sí solo, la evolución general de los precios.












