Hay una pregunta que debemos hacernos antes de que las próximas lluvias vuelvan a inundar nuestras calles, destruyan viviendas, afecten negocios y arrastren vehículos: ¿estamos haciendo lo necesario para evitar que los fenómenos naturales sean tragedias económicas y sociales?
En República Dominicana ponemos candado cuando nos roban. Nos movilizamos para rescatar personas, retirar escombros, reparar carreteras, distribuir ayudas. Sin embargo, no ponemos atención para mitigar los fenómenos, hasta que vuelven. El calentamiento global está modificando las condiciones climáticas del planeta y aumentando los riesgos asociados a determinados fenómenos meteorológicos. Las lluvias intensas, inundaciones repentinas, desbordamientos de ríos son amenazas crecientes para las comunidades, infraestructuras y empresas.
No podemos impedir que llueva, pero sí podemos reducir las pérdidas que provoca el agua cuando encuentra ciudades mal planificadas, drenajes obstruidos, construcciones vulnerables y una población que desconoce los riesgos. La prevención debe convertirse en una política permanente del Estado, una responsabilidad del sector asegurador y una cultura ciudadana.
Tenemos comunidades próximas a ríos y cañadas, asentamientos en terrenos vulnerables, ciudades que han crecido sin suficiente planificación y sistemas de drenaje que en numerosas zonas resultan insuficientes para evacuar grandes volúmenes de agua en poco tiempo.
A ello se agregan la acumulación de residuos en los desagües, la reducción de áreas verdes, la impermeabilización del suelo mediante cemento y asfalto, la ocupación de cauces naturales y la construcción en terrenos donde históricamente se han producido inundaciones. Ignorar esto nos ha conducido a las constantes inundaciones y tragedias que ya conocemos.
La dimensión del problema se agrava cuando los afectados carecen de seguros adecuados. Una familia puede invertir veinte o treinta años en adquirir una vivienda y perder una parte importante de su patrimonio en unas pocas horas de lluvia. Un pequeño negocio puede tardar años en recuperarse de la pérdida de mercancías, equipos y documentos, además de los ingresos que deja de percibir durante el cierre.
La Organización Meteorológica Mundial, en su informe sobre el estado del clima en América Latina y el Caribe de 2025, documenta la persistencia de los episodios extremos de precipitación, las inundaciones, los deslizamientos y sus consecuencias sobre las comunidades y las economías de la región.
Por su parte, el Instituto Swiss Re ha advertido sobre el crecimiento sostenido de las pérdidas aseguradas por catástrofes naturales. En 2024, las pérdidas económicas mundiales por catástrofes naturales se estimaron en aproximadamente US$318,000 millones, de los cuales una proporción considerable no estaba asegurada.










