¡Coco, coco, coco frío! ¿Con azúcar o sin azúcar? Son las palabras con la que se suele iniciar la conversación para adquirir una de las delicias que representa al Caribe y que está disponible en las calles, playas y campos dominicanos.
La venta de cocos siempre ha sido popular en República Dominicana, pero es un oficio del que poco se habla y que, en los últimos años, ha sido ocupado por vendedores de nacionalidad haitiana. Sin embargo, detrás de esta actividad surgen preguntas: ¿cuánto gana realmente un coquero? ¿Se puede vivir sólo vendiendo esta fruta?
En una consulta realizada por elDinero a Pedro (nombre ficticio de un ciudadano haitiano), este explicó que vende un promedio de 30 cocos diarios, a un precio de RD$100 por unidad. Esto representa RD$3,000 al día y, si trabaja 25 días al mes, alcanza ingresos brutos de RD$75,000.
Sin embargo, ese monto no representa su ganancia neta, pues debe cubrir los costos de la mercancía y los materiales que utiliza para ofrecer el producto. Para vender cada coco, Pedro incurre en un costo aproximado de RD$50 por la fruta. A esto se suma un paquete de vasos foam, que cuesta RD$80 y permite realizar unos 30 servicios, así como una libra de azúcar, valorada en RD$38. Según los costos estimados, cada servicio representa un gasto aproximado de RD$54, por lo que la ganancia sería de unos RD$46 por coco vendido.
En ese escenario, la comercialización de 30 cocos diarios durante 25 días supone ingresos de RD$75,000 mensuales. Al descontar unos RD$40,500 en costos de insumos, la ganancia estimada sería de RD$34,500.
Para Pedro, quien lleva alrededor de dos años dedicado a este emprendimiento, el trabajo no es tan sencillo como pudiera parecer. Aunque no requiere una gran fuerza física, depende de la cantidad de clientes que encuentre durante la jornada para alcanzar sus objetivos de venta.
Además, esta labor está expuesta a las condiciones climáticas. Al tratarse de un negocio ambulante, que funciona con un carrito y una sombrilla, el vendedor no siempre dispone de un espacio seguro para protegerse del sol o la lluvia.
Pese a estas dificultades, los coqueros recorren las calles ofreciendo una fruta que forma parte de la cotidianidad dominicana y que, además de refrescar a los consumidores, representa una fuente de ingresos para quienes encuentran en su comercialización una oportunidad de trabajo.












