[dropcap]D[/dropcap]esde la caída de Trujillo hasta nuestros días, la economía dominicana ha experimentado diversos cambios que la llevaron de estar sustentada en los sectores agropecuario e industrial, en las décadas 60 y 70, a consolidarse como una economía de servicios en la década del 2000. Durante todo ese tiempo, y como cualquier economía pequeña, la dominicana conoció diversos ciclos económicos, algunos caracterizados por estancamiento, especialmente en los primeros años a partir de la muerte del dictador, y otros de expansión, en diferentes períodos.
Independientemente de los períodos de esplendor de la economía dominicana, así como de aquellos que mostraron un fuerte rezago durante los últimos 50 años, lo cierto es que persiste el dilema de si el crecimiento económico que se ha logrado no ha sido suficiente como para reducir la pobreza en un nivel mucho más elevado. Más aun, la persistente inequidad en la distribución de la riqueza nacional desdice de la expansión que se ha logrado en las últimas cinco décadas, lo que se podría también plantear como un dilema.
A todo esto, y por la naturaleza de los procesos económicos, se supone que las políticas económicas, ya sea la monetaria, fiscal, cambiaria o de oferta, han jugado un rol importante para la obtención de los resultados anteriores. Esto quiere decir, que la aparición de una crisis económica, por ejemplo, la que se presentó a principios de los años 90, pudo haber sido el resultado de la implementación de políticas económicas erradas que, luego, condujo a la aparición de políticas anti cíclicas que revirtieron la crisis y permitieron recuperar la estabilidad macroeconómica. Mientras tanto, esta crisis de los 90, alejo al país del proceso de desarrollo, hizo más pobres a los pobres, mientras hubo la necesidad de realizar reformas profundas en la economía.
Otro elemento vinculado al dilema planteado, es que la economía dominicana crece, pero no genera los empleos necesarios, lo que puede deberse, según algunos economistas, a problemas estructurales y/o a la falta de incentivos desde el Estado.
Por otro lado, se dice que parte del problema es la implementación de una política fiscal caracterizada por un gasto público de baja calidad, con poca vocación de servir como instrumento de desarrollo, y su incapacidad de permitir la redistribución positiva del ingreso nacional.
Todas estas reflexiones, incluyendo el título del artículo, nacen de la lectura del libro “El dilema económico de la democracia dominicana” que puso a circular la semana pasada nuestro amigo, el economista Rolando Guzmán.









