Por Edgar Barnichta Geara
Ser rico no es un pecado ni ser pobre no es una virtud. Por el contrario, tener dinero, incluso mucho dinero, es algo bueno y una bendición de Dios cuando se logra trabajando dentro de la ley y la moral y se tiene sentido de responsabilidad social.
Es bueno tener dinero, porque contribuye a conseguir lo que deseas en el presente y a asegurar, aunque sea en gran medida, tu bienestar futuro, la de tu familia y una vejez digna.
Pero también es malo ser pobre y no tener sobre la mesa el pan de cada día o la medicina para cuando lleguen las enfermedades. Es malo no tener asegurada la educación de tus hijos ni un techo que te cobije o ver como traspasas esa pobreza a tus generaciones, sin esperanzas de dejarla atrás.
Sé que siempre habrá diferencia social y económica, pues siempre habrá ricos y habrá pobres. Ese no es el problema ni el momento de analizarlo, sino la brecha tan grande que existe entre unos y otros y la poca esperanza que tienen los pobres de salir de la pobreza, a menos que tengan suerte siendo delincuentes, políticos o narcotraficantes. ¿Acaso no es eso lo que enseñamos?
Pero el problema no se resuelve al estilo Robin Hood, es decir quitándole a los ricos para darle a los pobres, pues al final, al no crearse nuevas riquezas, sino repartir las existentes, todos seríamos pobres y ese no es el objetivo de ningún gobierno y ninguna sociedad.
La forma de acabar con la pobreza no es matando a los pobres para que no hayan pobres ni matando a los ricos para que todos seamos iguales, sino exigiendo que los ricos distribuyan una parte de sus riquezas, a través de los impuestos, y logrando que los pobres sean menos pobres, recibiendo lo básico para tener una vida digna y la oportunidad de prosperar dentro de la ley.
No podemos seguir destruyendo la clase media ni permitirnos que existan tantas diferencias entre ricos y pobres y mucho menos seguir cerrando los ojos para no ver la miseria de los que están a nuestro lado.
No se trata de esperar que el gobierno resuelva, pues todos sabemos lo que son y hacen los políticos cuando están arriba, sino de que cumplamos con nuestros deberes sociales y nos convirtamos en un gobierno chiquito para entregar una parte de nosotros a aquellos que siempre esperan con las manos vacías.
Es hora de dar para que las cosas cambien, ya sea dando un poquito de nuestros bienes, una parte de nuestro tiempo o una voz de esperanza para aquellos que no tienen nada. Abramos nuestros corazones y dejemos brotar un poco de lo que nos sobra, pues eso que nos sobra, que siempre será muy poco para nosotros, es un mundo entero para aquellos que no tienen nada.












