El mercado de valores dominicano, más allá de haber servido como un canal idóneo para financiar el déficit público a través de los fondos de pensiones, representa una gran oportunidad de inversión para las empresas. Al mismo tiempo, es una vía expedita para acceder a capital fresco que permite ampliar la capacidad de producción. El sector eléctrico tiene experiencia en ello.
Ahora hay una nueva oportunidad para desarrollar el mercado de valores. La promulgación de la Ley 249-17, que modifica la 19-00 del Mercado de Valores, abre la posibilidad de hacer planes a corto plazo para poner en venta una parte de las acciones de Punta Catalina. La relatividad del tiempo dirá cuánto falta para eso y cuándo es el momento idóneo.
Con la altísima necesidad de energía de base que tiene República Dominicana, siempre disponible a precios competitivos, Punta Catalina es un activo ideal para atraer capitales frescos a través de la venta de acciones en el mercado de valores, dando así inicio formal a transacciones bursátiles o de renta variable. Esta obra, una vez entre en operación, su valor de mercado tendrá la oportunidad de revertir el trayecto de escándalos y cuestionamientos que le ha tocado transitar. Y así habrá de ser.
Representantes empresariales se han pronunciado a favor de que esta obra del Estado sea el inicio del mercado abierto de acciones en el país, en que cualquier dominicano pueda acudir y comprar o vender al mejor postor. Esto, por supuesto, significará dos cosas: confianza en la economía del país y el inicio de un mercado que está ávido de desarrollarse.
Para mayor éxito del proyecto, la entrada del sector privado no está lejos si se toma en cuenta que es el presidente Danilo Medina el primer interesado en que haya participación mixta. Lo planteó en ocasión de una presentación que hizo ante la matrícula de la Cámara Americana de Comercio (Amcham-DR), donde invitó a los empresarios a formar parte del proyecto.
Partiendo de que el sector financiero, en este caso el mercado de valores, cuenta con una legislación fuerte y moderna, con una institución reguladora con aval de todos los actores, ahora es el momento de que se comiencen a dar los pasos hacia la materialización de un segmento que abrirá las puertas al capital fresco. Punta Catalina costará alrededor de US$2,600 millones, pero su valor será mucho mayor cuando inicie operaciones y demuestre que es un proyecto viable.
Aunque no se pudo por las características del mercado hasta ese entonces, el superintendente de Valores, Gabriel Castro, dijo, en diciembre de 2015, que el Gobierno tenía en agenda colocar en el mercado de valores una parte del capital previsto en la construcción de las plantas de Punta Catalina, con lo que daría inicio formal al mercado de renta variable o de acciones en República Dominicana.
El administrador de Punta Catalina, Jaime Aristy Escuder, afirma que sería una excelente decisión de inversionistas privados invertir en la central termoeléctrica. La idea, y así es bueno que se mantenga, es que la posición accionaria esté abierta no sólo a los inversionistas más fuertes, sino también al pueblo dominicano.
Este escenario establece, por vía de consecuencia, que el país está en un momento oportuno para desarrollar el mercado de acciones a través de la entrada de Punta Catalina en el mercado de valores.










