Las personas, típicamente, tienen un comportamiento metódico o impulsivo a la hora de realizar operaciones bursátiles. Resulta muy importante que los inversionistas entiendan que su proceso de decisión en cuanto a compra y venta de títulos valores tendrán un impacto directo en la volatilidad y en el desempeño del portafolio de inversión.
En los próximos párrafos, analizaremos algunas de las principales diferencias entre especular e invertir.
Una de las maneras más fáciles de distinguir entre la especulación y la inversión es analizando el riesgo y el horizonte temporal de la transacción en cuestión.
Típicamente, las operaciones especulativas conllevan un mayor nivel de riesgo y suelen ejecutarse a corto plazo. Por otro lado, las inversiones son consideradas menos riesgosas y los plazos para alcanzar metas financieras específicas son más extendidos. Los mercados volátiles o ineficientes crean oportunidades para generar ganancias a corto plazo.
Los especuladores podrían basar sus decisiones a través de análisis técnicos, desempeño de los activos a nivel histórico y/o noticias de último momento para ejecutar una operación bursátil. El objetivo de un especulador es producir beneficios mediante movimientos marcados en los precios de los activos. Un ejemplo de una operación especulativa es la solicitud de un préstamo de valores a un puesto de bolsa para realizar una venta en corto.
A diferencia de especular, los inversionistas se centran en generar beneficios alineados con el mercado y a largo plazo. Los inversionistas no suelen cambiar la composición de su portafolio aunque exista volatilidad en el mercado como es el caso con los especuladores. Invertir requiere un análisis exhaustivo de los diferentes indicadores financieros de las empresas y un enfoque más cauteloso en sentido general. Para la mayoría de las personas, es más recomendable invertir.










