[dropcap]E[/dropcap]l reparto de canastas navideñas es una tradición que inició Joaquín Balaguer en 1961 y que luego continuó con el Partido Reformistas (Social Cristiano), especialmente durante los tres primeros gobiernos de esa organización política. La práctica fue imitada por los sucesores en el poder, incluyendo las administraciones del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Este “ejercicio de sensibilidad hacia los más pobres” es una muestra de que no hay diferencia en el enfoque que tienen nuestros gobernantes de cómo mejorar las condiciones de vida de nuestros ciudadanos.
Este año, quizá más que en otras oportunidades, hemos sido testigos de verdaderos espectáculos deprimentes en el reparto de cajas, canastas y fundas navideñas. Ha sucedido en todos los escenarios preparados por las tres principales fuerzas políticas del país. La aglomeración de personas en busca de la cena de Navidad ha sido inmensa.
¿Qué nos deja de mensaje este espectáculo deprimente? ¿Qué nos quieren decir los partidos políticos y el gobierno con esta acción de “sensibilidad humana”? ¿Qué pudieran interpretar nuestros ciudadanos ubicados más arriba del nivel de la pobreza? ¿Tiene que ver todo esto con educación y falta de oportunidades?
Un análisis simple de lo que denota la repartición de canastas navideñas, quiéralo o no, es que nos falta mucho por avanzar como país. Pudiera ser, incluso, una admisión implícita del fracaso que han tenido los partidos que han gobernado durante los últimos 50 años. Si durante todo este tiempo no hemos rebasado o superado esta práctica, véase como se vea, quiere decir que la mayoría de los dominicanos no ha mejorado su calidad de vida y que por eso debe estar mendingando una cena de Navidad distribuida (regalada) por políticos que lo único que hacen es aprovecharse de su pobreza.
Sabemos que muchos dominicanos son pobres. Esta realidad no sólo la confirman organismos internacionales que miden la pobreza; la vemos en cada esquina, barrio o campo de nuestro país. Si hay que hacer una repartición de canastas navideñas lo mínimo que merecen nuestros compatriotas es respeto a su dignidad. No cuesta más que un poco de esfuerzo extra organizar entregas disciplinadas para evitar espectáculos deprimentes que no sólo hablan mal de nuestro pueblo, sino también de poca creatividad de nuestros gobernantes y políticos.
Los programas de asistencia social que mantiene el gobierno también han sido un fracaso, tomando en cuenta que su propósito es ayudar a que la gente salga de la pobreza. Los políticos que gobiernan y aquellos que lo quieren hacer deben entender que una repartición de canastas no suma votos. Eso está muy demostrado.
Por lo que sí deberíamos preocuparnos los dominicanos (los gobernantes aún más) es por avanzar en nuestros niveles de educación, superar la pobreza en todos los focos y ángulos, lograr que nuestra gente sea económicamente independiente y que no dependamos de una repartición de cajas, fundas y canastas para cenar en Navidad.
También hay que suponer que la pobreza es un caldo de cultivo para que nuestros políticos sigan endiosándose y se erijan como Chapulín Colorado en esta época en que la gente, acostumbrada a estas dádivas, espera “la mano amiga, humana y sensible” del funcionario.







