Este año no tiene precedentes en la historia reciente de República Dominicana y el mundo. En el caso de nuestro país, cuya economía venía creciendo sobre el 5% promedio anual en los últimos 15 años, la pandemia provocada por el covid-19 ha sido inmisericorde desde el punto de vista económico. La parálisis de las actividades productivas, luego reanudadas con la aplicación de protocolos de bioseguridad, frenó a los sectores que mayor valor agregado aportan al producto interno bruto (PIB).
Turismo, zonas francas, remesas, exportaciones nacionales, comercio, construcción y la economía informal se vieron obligados a entrar en pausa. Con las excepciones conocidas por todos, el país se vio compelido a cerrar. Hay que agregar que el sistema de salud tuvo a punto de colapsar y que sólo la oportuna intervención de las autoridades, con medidas drásticas, impidió que sucediera lo peor desde el punto de vista sanitario.
Todo esto se ha traducido en una pronunciada caída en las recaudaciones internas, obligando al Gobierno, al pasado y al actual, a reformular el Presupuesto en dos ocasiones. Tampoco hay precedentes de dos proyectos complementarios en un solo año. El 2020, por vía de consecuencia, ha puesto a prueba la capacidad de resiliencia de los dominicanos. Lo que sucede con el sistema educativo es otra muestra de los efectos nocivos que gravitarán sobre la sociedad dominicana y su desarrollo. Esto, al parecer, durará mucho tiempo.
La crisis, reflejada en una contracción del PIB de al menos -8.1% a septiembre, con un estimado de -6% al finalizar 2020, ha provocado que a la fecha las recaudaciones a través de Impuestos Internos se hayan caído en poco más de RD$86,000 millones sobre lo que se había estimado. Este resultado tampoco tiene un precedente en la historia dominicana. Originalmente se esperaban RD$750,000 millones, pero por la pandemia hubo que reducir esa estimación a RD$610,000 millones, lo que significa una diferencia de al menos RD$140,000 millones.
Cuando se cae el consumo el efecto es peor, ya que sólo por esta parte los ingresos por impuestos internos significan alrededor del 70%. Quizá la cuasi apertura de la economía, aunque hay sectores que piden más, pudiera ser un aliciente en medio de esta situación crítica. Las autoridades monetarias están esperanzadas en que haya un repunte en el último tramo del año y no sólo haya una normalización del ritmo de ingresos del Estado, sino que la economía misma pueda retomar la ruta de la recuperación.
Por lo menos hay algunas señales de que la apertura económica ha generado cierto dinamismo en algunos sectores, principalmente el comercio y la construcción, lo que se ha traducido en mejores resultados en cuanto a las recaudaciones. Las autoridades ya lo han informado, lo que inyecta una buena dosis de optimismo. De hecho, se espera que a partir de 2021 se genere un proceso de recuperación más rápido de lo previsto, por lo menos en aquellos sectores que no dependen tanto del entorno internacional. El sector turismo, que genera más de US$7,000 millones al año, tendrá que esperar más tiempo.
Sin embargo, lo bueno que pueda pasar de ahora en adelante no sólo depende de las medidas que adopten las autoridades, sino de la actitud de la población respecto al contexto en que se desenvuelve la economía y todo lo que ello implica. Ser optimistas, a pesar de todo, sí es posible para pasar este trance en el que se encuentra República Dominicana y el mundo.






