[dropcap]L[/dropcap]a meta de inflación definida por las autoridades para este año fue de 4.0%±1.0%, establecida en el programa monetario. Lo que ha sucedido con los precios es una muestra de la efectividad de decisiones sustentadas en la confianza.
La economía dominicana no sólo se ha comportado de manera excepcional en materia de crecimiento, sino que está corriendo en sentido correcto.
A pesar de la crisis de precios que se generó con los plátanos hace unos meses y ahora con la carne de pollo, basta con hacer un recorrido por todo este año para saber cómo se ha comportado esta variable tan importante para la estabilidad macroeconómica de un país.
En enero hubo inflación negativa de -0.19, en febrero de apenas 0.20, en marzo sólo fue de 0.14 y en abril los precios volvieron a caer a negativo, con un -0.25. En mayo los registros del Banco Central establecen 0.29 de inflación, en junio de 0.41, en julio fue 0.24, en agosto 0.32, en septiembre 0.16, en octubre 0.74 y en noviembre, el último mes disponible, fue de 0.17. Todos están expresados en porcentajes.
Como es obvio, las autoridades deberán ver muy de cerca lo que suceda en Estados Unidos a partir de la subida de la tasa de política. Aquí hace más de siete meses que se mantienen sin alteración.
La inflación acumulada durante los primeros once meses del año (enero-noviembre) se ubicó en 2.25%, un comportamiento que deberá ser tomado como punto de referencia para los demás países del área y hasta por las autoridades locales en caso de que decidan variar su política monetaria.
Además de una inflación controlada, lo que sin duda trae tranquilidad a todos los sectores productivos y consumidores, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) ha reconocido el éxito de la economía dominicana, frente un crecimiento negativo de -0.4% en la región y un pronóstico no muy claro para 2016.
El producto interno bruto (PIB) dominicano habrá de crecer 6.6% y 5.2% el próximo año. La estabilidad de precios que ha mostrado el país en este año debe ser asumida como un compromiso de continuidad por las autoridades monetarias y del gobierno en sentido general. Con un 2016 que se vislumbra con muchas alternativas, el país no puede poner en riesgo los logros que puede mostrar en todos los escenarios.
Ahora falta que la quietud que han mostrado los precios en el mercado local, como parte del compromiso asumido por quienes tienen la responsabilidad de tomar las decisiones, se exprese hacia abajo. La gente común no entiende mucho de variables macroeconómicas, pero sí sabe cuándo un artículo sube de precio.
Entre todos, los que gobiernan y los que no, están en la obligación de asumir una alianza con miras a garantizar un equilibrio entre los de arriba, los del medio y los de abajo.
Por ser un año electoral, cargado de muchas emociones encontradas según los intereses, las autoridades no pueden perder de vista el compromiso que tienen con la estabilidad macroeconómica del país, especialmente por el efecto que tienen en los agentes productivos, sean grandes o pequeños, cualquier desequilibrio. La estabilidad conviene a todos.









