El país acaba de pasar una de sus experiencias más amargas, tristes y trágicas. Las lluvias del sábado 18 de noviembre quedarán en la historia con un balance negativo, principalmente por la pérdida de vidas humanas. No hay una fórmula que conforte las familias que han perdido a sus miembros, en algunos casos más de uno.
Hay otro aspecto a considerar. La producción agrícola fue severamente afectada, lo que podría tener más de una consecuencia. En el corto plazo podría haber inflación derivada del desabastecimiento.
Otro efecto es la quiebra de pequeños productores que sólo dependen del predio que poseen. Lea bien: no dependen de nada más.
La única solución a la vista es la mano financiera del Gobierno. Hay que ir en auxilio de estos dominicanos responsables, en parte, de que podamos suplir el 85% de la demanda interna de alimentos.





