Los maestros están en protestas. Y tienen razón. Además, están en pleno derecho de reclamar mejoras salariales, tal cual lo podrían hacer otros sectores. República Dominicana está entre los países con más bajos salarios de América Latina, por lo que es lógico pensar que todos los trabajadores necesiten una mejora en los ingresos mensuales.
El ministro de Educación, Ángel Hernández, sabe que hay un compromiso asumido desde 2021 por el exministro Roberto Fulcar de aumentos salariales, el primero de los cuales se aplicó el año pasado y que aún está pendiente otra jornada de discusión. Los maestros esperan que este aumento sea de un 20%. ¡¿20%?! Sí.
Los maestros tienen una importancia invaluable en el desarrollo de la humanidad. Bajo su responsabilidad está la formación de todos los demás profesionales, incluyéndolos. Ahora hay un escenario de fricción entre las autoridades y la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) en procura de que se cumpla con el acuerdo de reajuste salarial.
De acuerdo con Hernández, los maestros podrían estar poniendo riesgo el éxito del año escolar, justo en el último tramo. Además, destaca que por cada día de clases sin impartir el Estado pierde alrededor de RD$1,538 millones.
“Tenemos que tomar una decisión. Priorizamos la inversión en la calidad de la educación o destinamos la mayor parte de los recursos al pago de salarios, jubilaciones, pensiones y seguro médico. Por los análisis financieros realizados, lo máximo a ofertar sería un 8%”, expresó el ministro, quien, además, asegura que está abierto al diálogo.
¿Qué veo mal o inoportuno? El momento de la protesta. Estamos a menos de un mes para las elecciones del 19 de mayo de este año, lo que, en cierto modo, podría verse como una forma de presionar políticamente al Gobierno. Y repito: siempre habrá razones válidas para atender los reclamos de los maestros. El tema ahora es el contexto político electoral porque resta credibilidad a las protestas.
Todos conocen cuáles son los intereses políticos del presidente de la ADP, Eduardo Hidalgo. Ahora bien, desde el punto de vista del efecto que estos reclamos y protestas podrían tener en contra de la gestión del Gobierno, analizándolo bien, entonces hay razones más que suficientes para llevarlas a cabo.
A veces, por más razones que tengamos, ser prudentes nos garantiza ganancia cuando la generalidad, en este caso la comunidad educativa, ve que tenemos la capacidad de ceder para alcanzar nuestras metas.
Los maestros, en todo caso, no sólo deberían pedir un aumento de salarios. Considero que reclamar una mejoría en la calidad de la educación, con más inversión, también debería ser parte del discurso. Esto haría más sincera la lucha.
Por lo que a mí corresponde, no me queda más que llamar a todos los actores del sistema educativo a pensar primero en la calidad de la educación. No sólo los estudiantes los más afectados, sino nuestro futuro como país.





