Hay emprendedores que se descubren a sí mismos en medio de la adversidad, otros tienen la convicción desde niños de que harán algo valioso con su talento, pero los más de 16 artesanos que participaron en la segunda edición del Evergo Fest tienen algo en común: la voluntad de cuidar el medio ambiente a través de su trabajo.
Giovanna Genao, creadora de GG Crafts, tuvo claro lo que le gustaba desde niña: las manualidades. A pesar de que es fisioterapeuta, se dedica a la pintura sobre madera. Fue durante la pandemia del coronavirus, encerrada en casa, cuando se le ocurrió emprender.

Su trabajo se caracteriza por no repetir los diseños. En cada bazar, feria o festival en el que participa, los diseños varían. Genao no se limita, trabaja cualquier forma y tamaño que pidan sus clientes, aunque los peces son sus favoritos. “Siempre están en movimiento, son muy libres, me encanta eso”, cuenta a elDinero.
Ella busca evocar la alegría de los dominicanos a través de sus coloridas creaciones. “Cualquier musiquita le prende la chispa al dominicano”, expresa al tiempo de agregar que su pintura destaca la esencia quisqueyana.
Otro emprendimiento que nació en pandemia fue el de Ofelia Méndez, quien tuvo que salir adelante con sus hijos tras la muerte de su esposo. Así nació Dyleymi Care, que fabrica y comercializa productos orgánicos para el cuidado de la piel, jabones, cremas, aceites de coco, así como exfoliantes.
“Me fui a la quiebra y en el momento de crisis uno se vuelve mágico, uno crea. Decidí volar, no quedarme arrastrada por las situaciones que estaba pasando. Me lancé”, expresa Méndez, quien, añade que aquello que empezó siendo una dificultad se convirtió en una bendición.

Ella cree en los estudios. Se formó como una manera de honrar su oficio. Anteriormente era farmacéutica, y era buena en ello, pues entendía perfectamente cómo funcionaban los medicamentos en el organismo y decidió hacer algo para cuidar lo externo. Méndez comenta que impregna su pasión a cada producto. “Es como un deleite”, subraya.
Negocio religioso
Nerba Ledezma y dos hermanas de la iglesia llevan el mensaje de Jesús en artículos personalizados. Las tres utilizan la técnica acrílica. “En Ovejas del Pastor, como se llama nuestro emprendimiento, usamos material MDF, que es reciclable; todo lo trabajamos con base en nuestra creación, inspiradas en nuestro Señor”, declara.
Pintan cualquier superficie, ya sean carteras, sombreros, artículos hechos con higüero y yagua. “Trabajamos en porcelana fría, tenemos mininacimientos de Jesús y llaveros”, indica.
Postres
Rikuras RD, una repostería artesanal, nació de la necesidad. Su propietaria, Nikaurys Ramírez, emprendió cuando cursaba sus estudios de Odontología en la universidad. “Era becada, pero necesitaba dinero para pagar mis clínicas”, explica a este medio. Empezó haciendo pudines, pan de maíz, pan de guineo y pan de batata, sin embargo, su oferta se ha ampliado. Sus productos se caracterizan por ser elaborados con harina de almendras y edulcorantes que no contienen carbohidratos ni azúcar refinada, incluso las personas diabéticas pueden ingerirlos.
Desde muffin de guineo, brownie keto, zumo shots hasta pasteles de zanahoria son parte de la oferta de Rikuras RD. Ramírez dice que también trabaja la pastelería tradicional, aunque hecha con ingredientes saludables.
Para la empresaria, la sostenibilidad ambiental es importante. Afirma que utiliza la menor cantidad de plástico posible y los zumos que vienen en una botella de ese material es reciclada. De hecho, los clientes regresan las botellas, que posteriormente son esterilizadas y reutilizadas.
“Le hacemos la salvedad al cliente de que está utilizando un envase que ha sido reciclado”, precisa. Asimismo, ofrecen sus productos en platos de material “craft”, el cual es ecoamigable.
Las Cukis fue otro de los emprendimientos que formó parte de Evergo Fest 2025. Se trata de un negocio familiar que surgió en pandemia.

Astrix Serny señala que su suegra se encarga de la repostería, mientras que ella, su esposo y su madre son responsables de la promoción de los productos, entre los cuales destacan tartas de limón, chinola y Nutella; flanes, brownies, bizcochos, alfajores, galletas, y la tarta Maltida, entre otros.
De acuerdo con Serny, estos postres no tienen conservantes ni aditivos ni colorantes. También, como parte de sus acciones con el medioambiente, separan la basura y están migrando hacia empaques biodegradables.
Joyería y bolsos
En cambio, Rossalee de la Cruz, creadora de Loly Shop, se dedica a vender joyería personalizada. Cadenas, anillos, pulseras de chamán, pulseras con mensajitos cristianos son algunos artículos que incluye su oferta, hechos de acero inoxidable, rodio y laminado en oro.

Para ella, la joyería refleja la esencia de las personas. “Muchas veces las personas buscan accesorios para poder complementarse y poder sentirse bien y qué mejor que usar algo que transmita tu personalidad”, asegura.
Asimismo, Mayra Briceño, de la marca Magkloy, se dedica a la fabricación de bolsos playeros, hechos con yute, loneta, algodón, así como vinil.
Los productos son hechos de manera artesanal. “Inspirada en una amiga que afrontaba temas de salud, me atreví al venir desde Venezuela, ya mi empresa tiene siete años”, dice al tiempo de añadir que es fiel creyente de atreverse, esforzarse y probarse a sí misma que las dificultades no definen a nadie, sino que deberían ser un impulso.
Crochet y macramé
Mairova Frías, Yésica Reyes y Mercedes Vilorio tienen algo en común: aman la artesanía, disfrutan crear artículos con crochet y enseñar. El emprendimiento de Frías consiste en tejidos a ganchillo o crochet. Ella aprendió esta técnica viendo tutoriales en YouTube y emprendió en la pandemia del coronavirus.
Frías elabora carteras, sandalias, aretes, ropa de bebés, monederos, gorros, portamonedas, portatazas, bolsos playeros, trajes de baño, entre otros. Expone sus creaciones tanto en redes sociales como en bazares.
Reyes, propietaria de Jeanselly Atelier, un taller de moda y accesorios artesanales con un enfoque sostenible. “Aquí hacemos todo lo que son tejidos en macramé y crochet, que son técnicas ancestrales, las cuales nosotros heredamos de nuestras bisabuelas y abuelas”, puntualiza, al tiempo de indicar que para ella es importante ser guardián de las tradiciones. Ella combina la creación con la enseñanza, ofreciendo talleres de artesanía de forma gratuita.

Su empresa es familiar, tanto su esposo como su hija están inmersos en el negocio. Carteras, sandalias, pedrería y sombreros pintados son algunos de los productos que ofrecen. “La artesanía es rica y con ella llevamos muchos mensajes, muchos saberes, nuestra historia, nuestra cultura”, enfatiza.
En tanto, Vilorio, de Muñecas de trapo y algo más, en Hato Mayor, lidera a más de 35 mujeres, quienes fabrican muñecas de trapo, así como collares, pulseras y aretes en crochet. También, tienen artículos hechos con semillas de samán. Es posible encontrar las muñecas en aeropuertos, así como en tiendas.












