La 42, ubicado en el sector Capotillo, en Santo Domingo, es un barrio conocido por las fiestas amenizadas con dembow y bailes característicos de su gente. Sus calles, decoradas con grafiti, son el escenario de muchos jóvenes que buscan un espacio en el género.
El filme de género documental, que lleva por título “La 42”, dirigido y escrito por el cineasta José María Cabral, expone a cantantes urbanos con deseos de superación, pero, que además tienen desafíos. Retrata una comunidad que se enfrenta a la pobreza, a la falta de servicios públicos, a la delincuencia y al abuso policial.
Cabral, quien fue entrevistado por elDinero, cuenta que su nueva película destaca de una manera “dura y cruda” la realidad de los habitantes de La 42, quienes se exponen a abusos policiales constantes y son víctimas de la desigualdad, pero, también muestra su resiliencia a través de las artes.
“En La 42 utilizan el arte y la creatividad como herramienta y arma de lucha. Es impresionante ver cómo utilizan la música, el baile, el grafiti y la pintura como un método de supervivencia”, expresa.
De hecho, Cabral entiende que, producciones como La 42, pueden contribuir a la discusión y el entendimiento de problemas sociales que afectan a República Dominicana. Pero, además, permiten humanizar la percepción que se tiene de los grupos marginados.
En esto coincide la titular de la Dirección General de Cine (DGCine), Marianna Vargas, quien resalta la importancia de que el cine dominicano explore y exponga las diversas realidades sociales y culturales del país, más allá de los géneros comerciales.
Vargas considera que el documental “La 42” ofrece una visión sobre el futuro de estas comunidades y los desafíos y oportunidades que enfrentan. Destaca, además, que la película pone de manifiesto la rica cultura que subyace en el referido barrio de la parte alta de capital, con manifestaciones de arte improvisado que muestran el talento de muchos jóvenes.
Desafíos
La excandidata presidencial por Opción Democrática, Virginia Antares, explica que el documental visibiliza aspectos humanos y sociales profundos, pero, además, tiene una función política, ya que revela la exclusión de los sectores más vulnerables.
“Estamos viviendo en una sociedad fracturada por la enorme desigualdad económica y social”, precisa, al tiempo de agregar que este es el principal desafío en República Dominicana, el cual, a su juicio, perpetúa la situación en barrios como La 42.
Pese a que las autoridades celebran el crecimiento económico, advierte Antares, este no se traduce en mejores empleos y salarios ni en inversión social, la cual incluye acceso a viviendas dignas, agua potable, energía de calidad, educación, salud, así como espacios de formación cultural.
Considera que se requiere la presencia del Estado con una visión de derechos y de política pública que garantice la calidad de vida de todos los habitantes.
Cultura en La 42
De su lado, Demetal, quien es una de las figuras principales en el documental, se dedica a apoyar a jóvenes en el dembow en Capotillo. Él destaca el poder transformador de la música y el arte para impactar positivamente en su comunidad.
Para él, la música es la alternativa para sacar a los jóvenes de la delincuencia. Su objetivo es guiar a estos jóvenes hacia el arte, desde la música hasta la producción cinematográfica, ofreciéndoles un camino diferente.
Lleva aproximadamente 12 años dedicándose a apoyar a los jóvenes de La 42. Su método implica un acercamiento personal, instándolos a dejar vicios y actividades ilícitas. Él ve el potencial en cada joven y los motiva a usarlo para el arte, ofreciéndoles apoyo para grabar sus canciones en estudio y producir sus videos, impulsando así sus proyectos musicales.
El sueño de Demetal para su comunidad es que La 42 se convierta en un destino turístico. Quiere que tenga un “otro formato”, donde la gente pueda visitarla, sentirse segura, reír y llevar a sus familiares sin temor.
De su lado, Antares dice que el documental muestra “el empoderamiento del pueblo dominicano en las peores condiciones”, así como las ganas de resistirse al abandono y avanzar, pero muestra, además, la necesidad de acompañar ese proceso con políticas públicas como acceso a espacios de educación y de formación cultural para “poder expresar en otras condiciones ese talento y esa vocación artística”.












