Entre la pasión, la precariedad y el talento, muchos jóvenes artistas tratan de convertir su vocación en una fuente de sustento. En un entorno donde la pintura y las artes visuales no siempre encuentran mercado, la exposición “Alquimia” surgió como espacio ideal sobre cómo transformar la creatividad en economía y el color en oportunidad.
La muestra se llevó a cabo en el Centro Cultural del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), Edificio René del Risco Bermúdez, bajo la organización de la Fundación Nacional de Niños por las Artes (Funanart). Su presidente, Ana Núñez, destacó que el propósito de Funanart es transformar a la juventud a través del arte, fomentando valores como la cooperación, el amor y la unidad. “Cuando trabajamos como una familia, podemos lograr grandes cosas”, expresó.
El profesor Pedro Vera, director de la Unidad de Artes Plásticas y Afiches, señaló que el principal obstáculo del sector radica en la falta de estructura y apoyo institucional. Explicó que la enseñanza del arte en el país “no está acompañada de una industria sólida que permita producir en serie, comercializar y vivir del oficio”. Añadió que el desarrollo artístico dominicano requiere ferias estables, crítica profesional, inversión privada y leyes que impulsen la creación. “Un artista no debería pintar un cuadro, sino cien, y tener asegurado el espacio y los medios para hacerlo”, comentó.
La exposición, que reunió a más de veinte creadores, giró en torno a la idea de la transformación como proceso vital. Entre los participantes estuvo Mauren Aglael Pérez, quien afirmó que invertir en arte en República Dominicana es un acto de fe. Explicó que el costo de materiales para cada una de sus obras ronda entre RD$6,000 y RD$7,000, lo que la obliga a sacrificar parte de sus ingresos personales. “Es triste, pero feliz a la vez, porque pintar es mi pasión. Cada obra me toma entre cinco y seis horas, aunque antes paso semanas investigando y planificando”, dijo.
Otros jóvenes creadores, como Leudy Márquez, artista multidisciplinario y profesor de pintura, coincidiera en que el talento no basta, que la formación artística debería incluir nociones de mercadeo, gestión de marca personal y manejo financiero. “De cada cien artistas, ochenta abandonan porque no saben cómo aplicar su arte al mercado. En las academias se enseña a pintar, pero no a vender”, explicó.
La crítica de arte Hilda Matos, docente de historia y crítica en Bellas Artes, enfatizó que el arte contribuye a formar ciudadanos sensibles y críticos, aunque reconoció que el acceso sigue siendo limitado. “El arte en República Dominicana todavía se percibe como algo reservado a intelectuales, cuando en realidad debe ser parte de la vida cotidiana de todos. La educación artística debe comenzar desde la primaria”, comentó.
En tanto, el gestor cultural y locutor Danilo MacKay sostuvo que el turismo cultural se ha convertido en una oportunidad para los artistas plásticos. Dijo que “el turismo funciona como un pulmón económico para la pintura dominicana”, sobre todo en espacios como la Zona Colonial, donde los visitantes se detienen a observar a los creadores callejeros y, en muchos casos, adquieren sus obras.
El jefe de misión de la embajada de Nicaragua en República Dominicana, Neysser Reyes Tijerino, resaltó el papel del arte como vía de integración cultural y motor económico. Subrayó que la cooperación artística entre naciones fortalece los lazos de amistad y proyecta la identidad de cada país. Consideró que, más allá de etiquetas como “economía naranja”, el arte representa una verdadera revolución cultural que une a los pueblos. “El arte es una expresión de libertad y un lenguaje común que une nuestras culturas”, explicó el diplomático.
La exposición “Alquimia” dejó en evidencia que el arte dominicano posee una fuerza creativa, pero carece de una estructura económica que lo sostenga. Producir una obra puede costar entre RD$5,000 y RD$10,000, sin garantías de venta ni apoyo institucional. En este contexto, la tecnología y la inteligencia artificial (IA) se presentan como herramientas complementarias que, bien utilizadas, pueden potenciar la creación artística.
Utilidad de la inteligencia artificial
Los especialistas coincidieron en que estas innovaciones facilitan parte del trabajo técnico, como generar referencias visuales o acelerar procesos, pero nunca sustituyen la creatividad humana. Leudy Márquez explicó que “la IA puede apoyar al artista en tareas repetitivas o técnicas, pero jamás reemplazará la sensibilidad humana ni la capacidad de interpretar emociones y conceptos de manera única”.
Por su parte, el profesor Pedro Vera reflexionó sobre la necesidad de adaptarse a los cambios tecnológicos: “El que se resiste al cambio desaparece; hay que usar las herramientas, no temerles”.
Destacó que la IA y otras plataformas digitales permiten experimentar, producir más rápido y optimizar recursos, pero que la esencia del arte —la creatividad, la visión personal y la interpretación del mundo— sigue siendo irremplazable. Ambos coincidieron en que dominar estas tecnologías puede abrir nuevas oportunidades de aprendizaje, expansión artística y acceso a mercados.
El arte es un motor de desarrollo social y cultural. Para que la creatividad florezca se necesitan inversión, mercados que valoren la producción artística y visión para proyectar el talento local.













