Llegó junio y con él la temporada ciclónica, que me hace recordar el poema de Pedro Mir, Hay un país en el mundo. Para quienes vivimos en República Dominicana, ubicado en una de las rutas naturales de los huracanes del Atlántico, conocer cómo se vigilan y pronostican estos fenómenos atmosféricos, nos sirve de prevención, seguridad y protección patrimonial.
Antes de finales del siglo XIX, los huracanes eran impredecibles. Los marineros y las poblaciones costeras dependían de señales naturales como cambios bruscos en el viento, el oleaje o la presión atmosférica. Muchas comunidades eran sorprendidas por tormentas devastadoras sin ningún tipo de advertencia previa.
Uno de los pioneros en el estudio de estos fenómenos fue el sacerdote y meteorólogo cubano Benito Viñes, considerado por muchos como el padre de la meteorología ciclónica en el Caribe. Mediante la observación sistemática de las nubes, los vientos y otros indicadores atmosféricos, desarrolló métodos que permitieron anticipar la llegada de huracanes con una precisión notable para su época.
No obstante, la verdadera revolución llegó durante el siglo XX.
En 1943 se realizó el primer vuelo intencional dentro de un huracán, dando origen a los llamados caza huracanes, aeronaves especializadas que aún hoy penetran estas tormentas para recopilar información directa sobre su estructura, velocidad de los vientos, presión atmosférica e intensidad, lo que nos ha librado de la incertidumbre, ayudándonos a tomar medidas de precaución.
A partir de la década de 1960, la incorporación de satélites meteorológicos transformó la vigilancia ciclónica. Por primera vez fue posible observar el desarrollo de tormentas en medio del océano Atlántico, mucho antes de que representaran una amenaza para las zonas habitadas. Hoy los satélites monitorean de manera continua la temperatura del mar, la evolución de las nubes, la intensidad de los vientos y otros factores determinantes para la formación de ciclones.
A estos avances se sumaron los radares Doppler, las boyas oceánicas, los sistemas de observación automatizados y, más recientemente, sofisticados modelos matemáticos alimentados por inteligencia computacional capaces de proyectar múltiples escenarios de trayectoria e intensidad.
Para los países del área del Caribe y del Atlántico Norte, la institución de referencia es el Centro Nacional de Huracanes (National Hurricane Center-NHC), con sede en Miami, Estados Unidos. Este organismo coordina la vigilancia de ciclones tropicales en toda nuestra región y emite los boletines que sirven de base para las alertas oficiales de los distintos países.
Para la industria del seguro, ha sido sumamente importante el desarrollo que hemos alcanzado. Una mejor capacidad de pronostico permite una mejor gestión del riesgo. Anticipar los eventos nos permite salvar vidas y propiedades, en la que el mercado puede cooperar con las medidas de prevención, y también con la reducción de los danos, sobre todo de aquellos con coberturas, para reducir las pérdidas.
En República Dominicana, somos un país vulnerable a fenómenos naturales como los ciclones, inundaciones y terremotos. La cultura de prevención sigue siendo la herramienta más poderosa para proteger vidas y bienes. Los avances tecnológicos han mejorado significativamente nuestra capacidad para anticipar desastres, pero la responsabilidad individual continúa siendo esencial, sin descartar la supervisión e intervención del Estado. Asegurarse bien, no es una opción, es una obligación.











