Ante la entrada en vigor del arancel de 12.5% impuesto por Estados Unidos a determinados productos exportados desde República Dominicana y Costa Rica, Deloitte recomienda a las empresas evaluar su exposición a la medida, revisar el aprovechamiento de los beneficios del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (Cafta-DR) y adoptar estrategias que les permitan reducir su impacto.
La firma de consultoría consideró que, más allá del aumento en los costos de acceso al mercado estadounidense, el principal desafío para las empresas es mantener su capacidad de competir frente a exportadores de otros países que podrían contar con condiciones comerciales más favorables.
“El reto para las empresas no es solamente entender el nuevo arancel, sino determinar de manera inmediata cómo reducir su impacto. En un entorno donde la competitividad es cada vez más sensible a los costos de acceso a los mercados, las organizaciones deben evaluar todas las herramientas disponibles para mitigar el efecto de esta medida”, afirmó Carolina Palma, socia de Impuestos y Servicios Legales de Deloitte.
Como parte de las acciones prioritarias, la consultora recomienda a las empresas determinar si los productos que exportan están realmente sujetos al arancel de 12.5%. Explica que no todas las mercancías enviadas desde República Dominicana y Costa Rica fueron incluidas en la medida y que algunos bienes podrían acogerse a las exclusiones previstas por la normativa estadounidense o beneficiarse de las disposiciones establecidas en los acuerdos comerciales vigentes.
Asimismo, Deloitte considera necesario revisar el cumplimiento de las reglas de origen del Cafta-DR para determinar si los productos califican para un tratamiento preferencial. De acuerdo con la firma, muchas empresas nunca realizaron una evaluación exhaustiva de estos requisitos debido a que históricamente enfrentaban aranceles relativamente bajos, pero el nuevo escenario hace que esa revisión cobre mayor relevancia.
“Hay empresas que nunca habían sentido la necesidad de profundizar en la aplicación del Cafta -DR porque el costo arancelario era reducido. Hoy la realidad es distinta y vale la pena analizar si sus productos califican para tratamientos preferenciales y si están documentando correctamente ese beneficio”, explicó Palma.
La consultora también recomienda revisar la estructura de costos y las cadenas de suministro para identificar oportunidades de mitigación. Entre las alternativas menciona la optimización del valor en aduanas, el fortalecimiento de la planificación comercial y la implementación de estrategias orientadas a reducir el efecto económico del nuevo gravamen.
“Independientemente de la tarifa aplicable, las empresas necesitan ser más competitivas. Toda estrategia de optimización de costos, eficiencia operativa o mitigación arancelaria puede convertirse en una ventaja relevante frente a competidores que enfrentan las mismas presiones del mercado”, indicó la especialista.
Posibles efectos sobre la inversión
Deloitte advirtió que el impacto del arancel podría extenderse más allá de las exportaciones actuales e influir en futuras decisiones de inversión extranjera directa (IED). Explicó que, al evaluar nuevos destinos para establecer operaciones, las empresas multinacionales consideran cada vez más los costos asociados al acceso al mercado estadounidense.
No obstante, destacó que República Dominicana y Costa Rica mantienen fortalezas estructurales, como la disponibilidad de talento, la estabilidad y ecosistemas exportadores consolidados, factores que continúan respaldando su atractivo para la inversión.
Frente a este panorama, la firma exhortó a las empresas a actuar con rapidez, evaluando su exposición al nuevo arancel, identificando posibles exclusiones, aprovechando las ventajas del Cafta-DR y desarrollando estrategias que contribuyan a proteger sus márgenes y fortalecer su posición en el mercado estadounidense.
“Lo más importante es aplicar todas las medidas de mitigación posibles para que, si existe un impacto arancelario, este sea el menor posible. Las organizaciones que reaccionen primero tendrán una mejor posición para proteger su competitividad en un entorno cada vez más complejo”, concluyó Palma.












