El proyecto de Presupuesto General del Estado 2027 identifica RD$21,977 millones vinculados a la Política Nacional de Cuidados, distribuidos en 11 instituciones, con 74.6% del gasto vinculado protegido. La política no comienza ahora; República Dominicana lleva varios años desarrollando servicios, institucionalidad y financiamiento alrededor del cuidado, pero la escala y la mayor articulación que adquiere dentro de la planificación pública abren una conversación distinta.
Si estamos consolidando el cuidado como una inversión de largo plazo, ya no basta con saber cuánto destinamos a ella. También necesitamos preguntarnos qué retorno esperamos.
Datos sobre uso del tiempo ayudan a dimensionarla. Las mujeres dominicanas dedican en promedio 16.4 horas semanales al cuidado no remunerado, frente a 9.6 horas los hombres. La diferencia trasciende el ámbito familiar, porque el tiempo destinado a cuidar puede limitar las posibilidades de trabajar, capacitarse o emprender.
Algunas experiencias de la región muestran que el reto empieza, no termina, cuando se amplían los servicios. Bogotá ha incorporado una métrica relevante: el tiempo liberado. Entre 2021 y junio de 2025, sus lavanderías comunitarias reportaron más de 86,000 horas liberadas y los servicios de cuidado infantil otras 51,000. Son registros administrativos y no prueban por sí solos mayores ingresos o empleo, pero amplían la forma de evaluar una política de cuidados.
Después de una década de desarrollo del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, Uruguay enfrenta preguntas distintas a las del inicio. Ya no se trata únicamente de ampliar cobertura, sino de cómo financiar el sistema de manera sostenible, mantener la calidad y profesionalizar a quienes cuidan. Un estudio apoyado por el BID estima que la inversión podría pasar de alrededor de 0.4% del PIB a 0.6% hacia 2050.
República Dominicana tendrá que responder preguntas similares ante su propia transición demográfica. El país ya trabaja, con asistencia técnica de la CEPAL, en un Plan Nacional de Envejecimiento 2026-2036 para anticipar las necesidades económicas, sociales y de servicios de una población que vive más años. La política de cuidados debe construir capacidad para una demanda que crecerá y cambiará de composición.
Los RD$21,977 millones previstos para 2027 son un punto de partida, no la medida de éxito. Si el cuidado se concibe como inversión, tendremos que observar cuánto tiempo libera, cuántos empleos logra formalizar, qué calidad alcanzan los servicios, a qué territorios llegan y qué capacidad institucional queda instalada.
Dentro de algunos años, la pregunta debe enfocarse qué cambió gracias a esa inversión.
Convertir esa inversión en mayor disponibilidad de tiempo, empleo de calidad y capacidad sostenible para cuidar es lo que permitirá hablar verdaderamente de retorno.




