[dropcap]U[/dropcap]n informe de OXFAM Internacional denominado “Una economía para el 1%”, publicado recientemente, da cuenta de que el “1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del plantea”, una situación insoportable según esa institución, y también inaguantable desde el punto de vista de cómo viven los pobres actualmente en todo el mundo.
Pero si esta situación es preocupante, más lo es el hecho de que en 2015, sólo 62 personas en el mundo tenían la misma riqueza que 3,600 millones de personas, según revela el mismo estudio.
A todo esto, la riqueza de los millonarios se incrementó en 44% en los últimos cinco años, mientras que en ese mismo período la riqueza de los más pobres se redujo en un 41%, de lo que se infiere que el sistema económico mundial está hecho para hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos.
El problema es que esta crisis de desigualdad, como la define OXFAM, podría tener consecuencias irreparables para los mismos ricos, por lo que deberían repensar la forma en que los recursos de la sociedad, a nivel mundial, están siendo explotados para producir, al mismo tiempo, más riqueza y más pobreza.
Pero el asombro se profundiza cuando te enteras de que en el Foro Económico Mundial 2016, que se celebró esta última semana en Davos, Suiza, uno de los temas era alrededor de la profundización de la crisis de empleo que se avecina, en donde se prevé más sustitución de personas por máquinas y tecnología, en lo que se ha dado en llamar la Cuarta Revolución Industrial.
Una de las preguntas era sobre cómo sería un “mundo sin empleo”? Tamaña pregunta para un pobre que vive de su trabajo, tiene cada vez menos ingresos y riqueza, y ahora le informan que no tiene que volver al trabajo porque este se esfumó.
En 1931, el Dr. Adrian Rogers tuvo la lucidez de plantear que no se podía multiplicar la riqueza dividiéndola, haciendo referencia al hecho de que “todo lo que una persona recibe sin haber trabajado para obtenerlo, otra persona deberá haber trabajado para ello, pero sin recibirlo”, y que de seguir esta situación sería el fin de cualquier Nación.
Tal vez se pueda evocar un símil entre esto y lo planteado por Marx cuando hablaba de la producción de plusvalía por parte del capital y la explotación del hombre por el hombre.
Pero analizando lo anterior en el contexto latinoamericano, la explicación de la problemática sugiere un poco de creatividad y fantasía, pues la desigualdad aquí, no solo tiene nombre de capitalismo salvaje, sino también de corrupción irrefrenable.







