“Demasiadas veces he insistido en el hecho de que la sociedad digital representa un cambio de civilización revolucionario. Afecta entre otras cosas al funcionamiento de la democracia representativa, al comportamiento de la economía mundial y a la pervivencia del Estado-nación tal y como lo entendemos desde hace más de doscientos años”.
Esta introducción a este artículo, es una de las interesantes conclusiones a que llega Cebrian, J. L. (2020) en su obra Caos: El Poder de los Idiotas, en donde, además, realiza una crítica mordaz a la clase política del mundo actual, denominándola como mediocre, conformada por un grupo de gobernantes idiotas.
Pero la detracción de Cebrian también alcanza a las redes sociales, en especial a twiteros e influencers de quienes dice que, siendo de lo más extravagante se convierten de la noche a la mañana en oráculos de sabiduría. A decir de este autor, “El barullo universal en que nos hallamos, precisamente en una época en la que nuestro mundo podría presumir de ser el mejor de todos los hasta ahora conocidos, no tendrá un final feliz si los poderosos de la Tierra, los sagaces y los estúpidos, no son capaces de encontrar respuestas que satisfagan los anhelos de una población de casi ocho mil millones de almas”.
Todo lo anterior viene a cuento porque, a partir de la Pandemia del Covid-19, el mundo se volvió convulso, y esta convulsión alcanzó su clímax con la invasión de Rusia y Ucrania, y todas las secuelas que está dejando atrás en términos de presiones inflacionarias, ralentización del crecimiento de la economía mundial, potencial hambruna en los países más pobres, entre otras catástrofes.
El problema que plantea Cebrian, y que pudiera ser la preocupación del resto de la humanidad, es encontrar las soluciones para todo este barullo. Las respuestas, obviamente, no son tan simples pues el caos puede aparecer, de repente y en cualquier lugar del mundo, con efectos multiplicadores para todos.
Las respuestas no son tan certeras ni están todas a la mano. El tema es, a decir de Cebrian, cómo mantener la democracia cuando la clase media que la sustenta ha estado sufriendo los ataques más feroces durante los últimos años. También, y a decir nuestro, cómo contrarrestar, por lo menos en América Latina y el Caribe, el avance de una izquierda que, con los ejemplos que se tienen (Cuba, Venezuela, Nicaragua, Chile y, ahora, Colombia), no se auguran progresos significativos en cuanto a crecimiento económico, desarrollo, mejor distribución de riqueza, entre otros.
Otra perspectiva es cómo hacer que mejoren los sistemas educativos, base del desarrollo de los pueblos, si los jóvenes ya no lo ven como un instrumento para mejorar sus condiciones de vida. Una interrogante adicional que se plantea es cómo eliminar el populismo y el pragmatismo en los partidos políticos, que son los que controlan el sistema de partidos, si los que lo controlan llegaron ahí mediante ese mecanismo. Y, por último, cómo hacer que el Internet y las redes sociales sean un aliado del bienestar social y no una fuente para la degradación social como ha estado ocurriendo.
Definitivamente, el caos en que se ha sumido el mundo es preocupante y, entiendo, que no existen soluciones globales, aunque sí problemas globales. Por ello, los ciudadanos dominicanos deberíamos tener una mirada colectiva frente a los problemas que nos afectan y, de esa forma, buscar respuestas colectivas que, contrario al resto del mundo, sí están a la mano y la mayoría de nuestros líderes, las conocen. Solo bastaría con que, como apunta Cebrian, se provoque “la indignación necesaria que nos devuelva la fe en nosotros mismos, nos reconcilie con lo que fuimos y nos anime a construir lo que seremos”.





