La apertura de las principales actividades económicas inyectó una dosis alta de optimismo en gran parte de los sectores productivos. Posiblemente, marzo y abril fueron dos de los peores meses en términos para la industria y las empresas de servicios, cuya caída llegó, en algunos casos, a más del 80%. El turismo, por supuesto, es el emblema del impacto del covid-19 en cualquier actividad humana.
Aunque la economía ha dado visos de recuperación, todo indica que la velocidad a la que se mueve no será suficiente para alcanzar los registros y estimaciones anteriores a la pandemia. De hecho, un grupo de economistas consultados por el Centro de Estudios P. Alemán, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), apuesta a una recuperación lenta de la economía, incluso ubicándola cercana al 2023.
Estas proyecciones no hacen más que advertir a las próximas autoridades la necesidad de redoblar los esfuerzos para generar las condiciones que agreguen valor a la economía. La generación de empleos de calidad, a través de la reactivación planificada de sectores formales, debería estar entre las prioridades. Aunque se mantengan algunos de los programas sociales, porque no se puede hacer algo mejor en lo inmediato, es urgente entender que lo realmente efectivo será frenar la tasa de contagios entre la población, a fin de que se puedan retomar las actividades normales.
Aprender a vivir en covidianidad, ya que no depende sólo de las acciones que se implementen en República Dominicana, es una obligación. El turismo, como bien se sabe, es una de las columnas fundamentales de la economía y las acciones que particularmente tomen los países no dependen de las autoridades locales. Quiere decir, entonces, que hasta no tener controlada la pandemia en todo el mundo, no se puede contar victoria localmente.
Además de los efectos en el ser humano, porque ya van más de 700,000 fallecidos en todo el mundo, los efectos en la economía global han sido devastadores. Estados Unidos, de los principales emisores de turistas a República Dominicana, lidera la tabla de contagio. Brasil, también del continente americano, está en segundo lugar. La buena noticia, si así se puede llamar, es que las zonas turísticas dominicanas han tenido una incidencia baja o controlada de casos.
Según el estudio publicado por PUCMM, el 22.1% de los encuestados, expertos y especializados en proyecciones económicas, consideró que la recuperación será para el primer semestre de 2022, lo que alejan aún más la posibilidad de pensar en positivo para el cierre de 2021.
Hay algo que está lo suficientemente claro: las tareas que les esperan a las próximas autoridades serán arduas, muchísimo más difíciles de lo que habían estimado. La valoración será sobre la base de los resultados. Ser optimistas es el único consejo que se puede dar en estos momentos y esperar que la vacuna que habrá de inmunizar a la humanidad aparezca lo antes posible, pues esto devolverá la confianza de los seres humanos y, por ende, de los agentes de la economía.






