La práctica del haraquiri, según la cultura japonesa, es el acto mediante el cual un individuo decide suicidarse por honor. Me pregunto: ¿qué necesidad hay de convocar a un suicidio masivo al pedir el retorno a las aulas? ¿Nos estamos volviendo locos? ¿Acaso no estamos viendo sociedades más organizadas y respetuosas que la nuestra volviendo atrás?
Lo digo con toda responsabilidad: no estoy de acuerdo con un regreso a la educación presencial. Sería un haraquiri. Las autoridades no deben dejarse “chantajear” de ningún sector, pues la salud está por encima de cualquier otro interés. La economía sin salud no existe. ¿Se imaginan un recule por haber abierto las aulas? ¿Quién paga los platos rotos? En primer lugar, saldrá afectada la población, luego la economía y, por vía de consecuencia, la gran culpa recaerá sobre las autoridades de salud porque no fueron lo suficientemente responsables y enérgicas para no dejarse presionar.
Nuestro sistema sanitario, por muchísimas razones, no está en condiciones de resistir un rebrote del covid-19. La primera gran razón es que no hay recursos económicos suficientes. Las recaudaciones internas se cayeron (o caerán) en más de RD$86,000 en este año. Es pertinente agregar a esto que a la fecha se han invertido miles de millones de pesos en contener esta situación.
Reabrir las escuelas o colegios, es decir, las aulas, porque los niños no están asimilando los aprendizajes, aunque sea cierto, no puede ser una excusa para exponer a cientos de miles de familias y maestros a ser contagiados. No abrir las aulas en este momento es un acto de responsabilidad.
Y como esta petición ha venido del ala de los colegios privados, espero que la razón (Leitmotiv) de esta petición no sea la variable económica. Nada, absolutamente nada, puede estar por encima de la salud de todos.
Con esto no quiero decir que me sienta cómodo de ver nuestro sistema educativo trabajando a medias, con limitaciones en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El asunto es que estoy consciente de lo que podría suceder si no actuamos responsablemente.
Con todo el respeto que me merece el Colectivo de Padres por la Educación Presencial en República Dominicana, cuyo objetivo explícito es lograr que se reabran las aulas, la lógica indica que es un acto de irresponsabilidad abrir la educación para que nuestros estudiantes, que es lo mismo que decir nuestros hijos, se sienten en un aula y compartan con otros compañeros sin que haya pasado el peligro. Lo único que nos dará certeza es la vacuna. Ningún protocolo de bioseguridad puede ser implementado con eficacia entre niños. No seamos ilusos o pensemos que los demás sí lo son.
Me parece contraproducente, incluso, que convoquemos a marchas, concentraciones o piquetes para reclamar que reabran las aulas. No tengo forma de calificar estas intenciones de un pequeño grupo que quizá está respondiendo a intereses muy divorciados de la lógica que manda el contexto de pandemia. El Ministerio de Educación, espero, no caerá en estos chantajes. Y por suerte, porque es así, es el Ministerio de Salud el que tiene la batuta en caso de una decisión.








