República Dominicana vive un momento decisivo marcado por el peso de su juventud. De acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el 34.44% de la población nacional tiene entre 15 y 35 años, lo que confirma que tres de cada diez dominicanos pertenecen a este grupo etario clave para el desarrollo económico y social.
El informe sobre juventud indica que, lejos de ser un dato aislado, esta realidad define el presente y el futuro del país. La población joven mantiene un equilibrio entre sexos: las mujeres representan el 50.44%, mientras que los hombres alcanzan el 49.56%. Sin embargo, las diferencias comienzan a hacerse visibles al analizar su distribución territorial.
El 72.83% de los jóvenes reside en zonas urbanas, lo que consolida un patrón de concentración en las ciudades. Las mujeres lideran esta presencia urbana, mientras que los hombres muestran una mayor proporción relativa en áreas rurales. Provincias como La Altagracia, Pedernales, La Romana y San Cristóbal destacan por albergar las mayores concentraciones de población joven, lo que las convierte en focos estratégicos para políticas públicas.
En el ámbito social, se evidencia que la soltería predomina en edades tempranas, especialmente entre los 15 y 19 años. No obstante, las uniones aumentan progresivamente con la edad, con una incidencia más marcada en las mujeres. A esto se suma el dato de que cuatro de cada diez jóvenes se autoidentifican como afrodescendientes, reflejo de la diversidad cultural del país.
La educación muestra avances, pero también desafíos. Aunque la mayoría de los jóvenes alcanza el nivel secundario, una proporción significativa de mujeres (33.8%) accede a estudios universitarios, frente al 19.06% de los hombres.
En materia de salud y dinámicas familiares, el informe indica que la maternidad continúa ocurriendo a edades más tempranas en comparación con la paternidad, que tiende a postergarse. Este patrón evidencia brechas sociales persistentes que impactan directamente en las oportunidades de desarrollo.
Por otro lado, se subraya que el acceso a tecnologías de la información se ha expandido, pero no de forma homogénea. El uso de computadoras, internet y dispositivos móviles revela diferencias según el sexo, lo que plantea nuevos retos en términos de inclusión digital.











