[dropcap]E[/dropcap]l siguiente relato es sobre una situación real que le ocurrió a una joven alumna que tuve en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad O&M, donde tengo el placer de impartir docencia desde hace poco más de una década.
Regularmente ofrezco entrenamiento a los estudiantes sobre redacción periodística y gramática elemental, pues de esa forma les ayudo a superar algunas deficiencias sobre la escritura correcta y la presentación de los hechos en forma de noticia cuando hacen algún escrito.
Pero dada mi apasionante inclinación hacia los temas de economía, dedico algunas clases para enseñarles a los estudiantes algunos tópicos sobre economía básica y además les pongo prácticas de cómo sacar un porcentaje, como calcular el promedio, la media, interpretar cifras presupuestarias y manejar datos estadísticos sencillos.
Es una forma de incentivar a los futuros periodistas a que se inclinen hacia el periodismo de economía, donde lamentablemente hay una gran escasez de recursos humanos calificados para redactar noticias sobre estos temas de forma entendible e interesante.
Pero además, el conocimiento mínimo de aspectos básicos de economía, especialmente el cálculo de porcentajes, es importante para todo en la vida, no solamente para los potenciales periodistas especializados en esa área.
Una vez estaba en casa de mi madre, visitándola y por supuesto resolviendo un paquete de tareas del hogar que me guarda todos los fines de semana. Recibí una llamada de una joven que luego de saludarme me expresó: “Profesor, lo estoy llamando para darle las gracias”. ¿Por qué? -le respondí-. “Porque usted me ayudó a conseguir mi primer empleo”.
Le dije que no sabía que había terminado la carrera y que ya estaba en un medio, pero que me alegraba y que no era necesario que me agradeciera, pues estudió para eso.
“No profesor, no estoy ejerciendo la carrera todavía” -expresó la joven estudiante para luego relatar- “Sucede, profesor, que yo he estado solicitando empleo, para lo que sea, y mando currículum a todas partes porque usted sabe que es difícil conseguir un puestecito en este país. Sin embargo, me llamaron de una empresa que no es muy grande, es una fábrica ubicada en Villa Mella donde necesitaban un auxiliar de contabilidad. Yo no sé nada de contabilidad, pero fui a la prueba y les dije que tenía experiencia en eso. Usted sabe que los dominicanos siempre decimos que sabemos hacer de todo, aunque no sepamos nada.
Me llevaron a un cuartito y me pusieron unos cuantos ejercicios de contabilidad, donde tenía que sacar unos porcentajes de cifras que ellos me presentaron. Entonces, profesor, yo pude hacer esas pruebas contables gracias a las prácticas que usted nos puso sobre cómo se calculan porcentajes, promedios y todo eso. Para no alargarle el cuento, ellos me nombraron con un sueldo de RD$15,000 mensuales. Ya tengo mi primer empleo que tanto necesitaba, profe, y eso fue gracias a usted. Por eso lo llamo, para agradecerle”.
La verdad es que nunca imaginé que la inclusión de un par de clases sobre cálculos y algo de economía iba a contribuir con el acceso a un empleo formal de una joven estudiante de una carrera que no tiene nada que ver con el área en que demostró habilidades adecuadas para el puesto.
Sólo me limité a decirle a mi joven alumna que ese puesto fue el fruto de su habilidad y persistencia en la búsqueda del empleo, y de sus esfuerzos mostrados para aprender a hacer los cálculos que de manera limitada les impartí en la sección de la materia “Sistemas y Estructuras Mediáticas” donde me tomo el atrevimiento de agregar, fuera del programa de estudios, unas cuantas clases sobre economía básica y redacción de noticas económicas.
De todo lo positivo se sacan resultados positivos. Me alegra mucho cuando veo a jóvenes periodistas que pasaron por las aulas donde imparto docencia, pues es una sensación de satisfacción interna que genera orgullo en los que dedicamos algunas horas a la enseñanza.
Pero fue mucho más satisfactorio recibir esa llamada de una estudiante que, me consta, necesitaba un empleo, y lo consiguió por medio de algunos pocos conocimientos obtenidos como fruto de mi humilde atrevimiento y de su gran esfuerzo por aprender.











