Hay que tener cuidado con el populismo económico. En una economía que busque funcionar correctamente, en la que la oferta y demanda sean la norma para lograr el mercado perfecto, los subsidios generalizados podrían introducir distorsiones que en nada aportan al objetivo de tener una sociedad más equilibrada.
El populismo económico puede ser positivo en principio y hasta podría generar efectos de bienestar en quienes son los beneficiarios directos y en los que impulsan su aplicación. Sin embargo, asumir costos, como sucede con algunos productos de consumo masivo, sólo posterga el golpe y luego, aunque no lo pensemos en el momento, los efectos podrían ser devastadores en términos económicos y, consecuentemente, políticos.
Quienes reciben comida subsidiada sólo son leales mientras se les está dando la facilidad de comprar por debajo del costo, luego eso se olvida y vienen los reclamos por que se mantengan los subsidios porque “la población no aguanta”. Aquí entra en juego una especie de chantaje social que se convierte en un arma de doble filo. Cuidado con el populismo económico.





