[dropcap]L[/dropcap]os empresarios dominicanos y haitianos llevan un tiempo considerable dando ejemplos de que cuando se quiere se puede.
El Consejo Económico Binacional Quisqueya (CEBQ) es una muestra del interés mutuo del sector privado de ambos países de que la única salida que tenemos, en esta isla del Caribe, es desarrollarnos sobre la base de proyectos conjuntos.
La conveniencia es mutua. Los haitianos se merecen una realidad muy diferente a la que hoy enfrentan en medio de la pobreza y la indigencia.
Los dominicanos, que han demostrado ser un pueblo solidario y consciente del papel histórico, también apuestan a una mejoría en la calidad de vida.
Un grupo de empresarios de ambas naciones han entendido la necesidad de desarrollar la frontera, pues haber vivido de espaldas a esta zona con potencial económico infinito no ha sido favorable para ninguna de las partes.
Me inscribo entre quienes apuestan a un desarrollo inclusivo en la frontera. El CEBQ ha definido cuatro zonas especiales para impulsar inversiones en manufactura y logística, generación y almacenamiento de energía hidráulica y eólica; agricultura y cría, así como turismo. Se puede. Sé que se puede. Aunar voluntades de quienes tienen el poder de decisión, además de los empresarios, es un imperativo para todos.
Ya se han realizado estudios del potencial y la factibilidad para garantizar resultados tangibles de tres a cinco años. Todo indica que las condiciones están dadas para hacer realidad esta propuesta de desarrollo, la cual busca transformar la vida de personas.
Ahora corresponde a los gobiernos de Haití y República Dominicana ofrecer todas las facilidades, a fin de que esta gran idea inclusiva se materialice para el beneficio de ambos pueblos.
El ser humano, por naturaleza, busca oportunidades de desarrollo. Si tenemos una salida factible para generar riquezas, lo obvio es que la aprovechemos.Yo apuesto al desarrollo inclusivo.












