La Corporación Minera Dominicana (Cormidom) está marcando la línea del antes y el después en la industria extractiva de República Dominicana. Esta empresa, por supuesto, no es la primera ni la más grande en este sector, pero las circunstancias de la naturaleza (y del mercado) la han ubicado en el privilegiado lugar de iniciar la minería subterránea, específicamente en Maimón, provincia Monseñor Nouel.
¿Qué significa esto en términos económicos e históricos para República Dominicana? Mucho, quizá muchísimo más de lo que podamos pensar ahora. Lo cierto es que tenemos una dilatada experiencia en la minería a cielo abierto, pero no habíamos escarbado las entrañas de la tierra a través de túneles mineros. Lo más cerca que habíamos estado antes es través de la minería artesanal.
En Cormidom se demostrará, como lo han hecho otros países con recursos mineros, que la minería subterránea es aplicable al concepto de preservación del medio ambiente, ya que toda la intervención sucede a profundidades donde la capa freática se entera de lo que sucede. Esto quiere decir que ni las aguas que transitan por debajo de nuestros pies ni los árboles que sirven de soporte a la vida, sabrán que más hacia al fondo hay todo un mundo dinámico generador de riquezas y oportunidades para el presente y futuro de nuestro país. Y lo mejor: se hace con toda la responsabilidad y conciencia de cuidar la biodiversidad.
¿Y qué más se puede notar en este tipo de minería? Que hay un celo insondable por preservar la integridad física de los colaboradores o mineros. Cormidom tiene al menos tres “vías” que aseguran la vida de quienes trabajan dentro o fuera de las áreas de exploración y posterior explotación.
La primera es la tecnología, ya que a través de geolocalización y radiofrecuencia es posible saber en tiempo real cuántos mineros hay en los túneles, donde están ubicados y, como si esto fuera poco, hasta la posición y nombre de los colaboradores. Quiere decir, entonces, que con una certeza milimétrica hay un contacto constante con cada colaborador.
El otro dispositivo de seguridad, único en el país y que podría decirse que agrega más confianza a este tipo de minería, es una cámara equipada con la última tecnología de supervivencia en caso de ser necesario, con capacidad para 20 personas. Aquí no sólo hay dos vías de generar oxígeno y energía, sin que dispone de un sistema de cámara que permitiría ver desde fuera lo que sucede dentro. De estas cámaras la empresa Cormidom tiene tres, de las cuales ya tiene dos en funcionamiento, esperando estar más profunda para instalar la tercera. La meta es llegar a una profundidad de 1,300 metros.
La tercera forma de asegurar vidas y avisarle a los colaboradores si hay alguna eventualidad, según nos contaron ejecutivos de Cormidom a un equipo de elDinero que visitó la mina, es la liberación de un gas fétido que se distribuye en cuestión de segundos por todos los túneles, esto en caso de que falle el sistema de comunicación. Una vez los colaboradores perciban este olor será la señal para salir o ir a uno de los tres refugios disponibles.
A todo esto se agrega la forma en que están cavados los túneles y la interconexión entre ellos para, en caso de eventualidad, tener varias opciones de rescate. Sin duda, toda una obra de ingeniería combinada con la experiencia de esta empresa, cuya matriz está en Australia.





