La recuperación económica es una realidad, de eso no hay duda. Los números hablan por sí solos. La contentura de las autoridades, principalmente las del Banco Central porque le toca dar las buenas nuevas, es visible. El entusiasmo está en grado superlativo. En todo este proceso de “vuelta a la normalidad” de las actividades productivas, hay aspectos que me llaman la atención y que en materia de comunicación son resaltables.
Hay que reconocer la sagacidad del equipo de Comunicación, y por supuesto de los técnicos que preparan los informes de la economía, por la forma en que dan a conocer los resultados. Es una tarea que implica tomar pinzas para hacer una operación delicadísima. Sólo hay que analizar la elaboración de las notas de prensa durante los peores meses, cuando hasta los más optimistas no podían ocultar la carga de energías negativas.
¿Recuerdan? El año pasado los números venían con cautela. Es más, podría decir que la cautela tocó los extremos. Y lo admito: había razones más que suficientes. Además, inyectar optimismo también es una función implícita de las autoridades. Cuando se caía el producto había que esperar casi a junio para ver los resultados de marzo. Hoy, que los números son diferentes y marchan para mejor, la prontitud es la vencedora. Parecería que los números están listos antes de que termine el período.
Y repito, hago este análisis en términos de la correcta estrategia de comunicación implementada en medio de tanta incertidumbre. Otro ejemplo se puede ver con la inflación anual, pues mientras estaba por debajo de cuatro ese era el primer dato que nos daban a conocer. Sin embargo, ahora que está en 10.4% (ahora te cambian la metodología y te dicen que es 9), entonces los primeros datos que te dan es la inflación diaria, luego la mensual, más adelante la acumulada mensual y ya al final, cuando hemos leído casi todo, viene la interanual, que es destacada en otras oportunidades.
Una observación que hago a simple vista y sin ser ducho en la materia. Si nuestra inflación es importada, porque lo es, y la interanual ha llegado al 10%, ¿cómo es que en Estados Unidos está en 5% y en Europa 2%? ¿Es que en estos últimos países no tienen inflación importada? Supongo que otros se harán estas mismas preguntas.
Y sigo: Estamos quejándonos del aumento de precios de los alimentos, pero cuando vemos los números el sector agropecuario es de los sectores que menos crecen (1.4%). Sin embargo, nuestra atención se vuelca a atraer turistas (que no está mal), pero debemos pensar en que demandan más alimentos. Sin embargo, vivimos haciendo alharaca de los mercados populares de Inespre y de que se acapara, en vez de poner nuestra atención impulsando el campo y comprando su producción.
Otro botón importante a tocar es lo que sucede con el sector de la construcción, el cual creció 54%, mientras que los precios de los insumos subieron un 31%. Interpretación: Si la inflación es temporal y los precios de los insumos van a caer en ese 31% o menos, el que está construyendo ahora ¿a quiénes les van a vender sus casas y apartamentos cuando los constructores que están esperando que caigan los precios comiencen a construir y vender con los nuevos precios reducidos de los materiales? ¿A qué precio venderán los que están construyendo con los precios caros? ¿Perderán su inversión? Lo dudo. ¿Podría ser está situación la causa de una posible quiebra de constructores?
Cuando proyectamos tenemos que ver qué es lo que estamos construyendo, si son castillos de piedra para que permanezcan o castillos de arena para que se los lleven los vientos. Eso no es nuevo, ya lo había dicho Jesús dos mil años antes. Nuestro país va pa’ lante y eso es lo mejor, siempre será lo mejor.










