República Dominicana y Haití son dos países hermanos. Lo son por su historia, su geografía y por su futuro. Siempre estarán juntos. ¿Por qué ese país no ha podido organizar su sistema institucional, madurarlo y colocarlo en el centro del desarrollo económico y humano? ¿Qué ha impedido que sus líderes no hayan logrado ponerse de acuerdo para mirar todos hacia una misma dirección? ¿De qué ha valido haber declarado la independencia primero que cualquier otro Estado de América Latina? Son muchas preguntas.
El asesinato del presidente Jovenel Moïse ha profundizado aún más la crisis y el caos que caracteriza a Haití. Quienes cobardemente ordenaron su desaparición física pecaron de estúpidos. No pensaron en que buscando una “solución” particular han generado un caos mayor y despertado el hambre de justicia de quienes, sin quizá, no eran adeptos a Moïse.
Ahora lo han convertido en un mártir y servirá de inspiración para muchos otros que levantarán su bandera contra quienes históricamente han impedido que la libre elección juegue su papel.
Y me hago la siguiente pregunta: ¿Y si Haití fuera otro Haití? No caben dudas de que este pueblo ha sufrido las consecuencias de sus “deslíderes”, quienes sólo han pesado en manejar el Estado en provecho de sus intereses particulares. ¡Coño, no se han dado cuenta que eso no les ha funcionado!
Estoy inscrito en la lista de quienes consideran que el desarrollo, cuando alcanza a la mayoría, es mejor que el bienestar de unos pocos. Parece una obviedad, pero me explico: cuando un pueblo tiene capacidad de suplir mínimamente sus necesidades básicas hay más certidumbre en la sociedad, lo que se refleja en seguridad para la inversión. Cuando tenemos seguridad, entonces hay más empleos y, por vía de consecuencia, la economía sale beneficiosa.
Con un país en constante crecimiento hay más empresas y capitales que llegan para generar valor. Con este escenario se desarrollan otros sectores, como es el caso del turismo. ¿Se imagina usted que los dominicanos puedan ir a hacer turismo a Haití de manera segura? No sabríamos estimar cuántos iríamos a visitar los imponentes destinos culturales, históricos y naturales con que cuenta Haití. ¿Se imagina usted cuántos millones de dólares ingresarían a su economía sólo a través del turismo, entre los que estarían los dólares que llevarían los dominicanos al hospedarse en sus hoteles?
El tamaño de la economía dominicana es alrededor de diez veces la de Haití, lo que nos da una idea de que el camino es largo para alcanzar algunas metas. ¿Por qué República Dominicana ha logrado un mayor desarrollo que Haití? La clave ha estado, muy seguramente, en que hemos podido madurar institucionalmente, a pesar de las sobradas debilidades que tenemos.
Aquí hay corrupción, hemos asesinado presidentes, hemos tenido guerras, intervenciones y períodos de inestabilidad política. ¿Dónde ha estado la diferencia? En que al final de cuentas los sectores con poder de decisión han sabido ponerse de acuerdo para lograr la paz, esa paz que es garante no sólo de la seguridad que necesitamos todos, sino también del desarrollo económico que habrá de traducirse en bienestar humano. No sólo estoy especulando.











