El Estado tiene instituciones que por su naturaleza, eminentemente técnicas, no deberían tener a políticos al frente. Ha sido un error histórico de los gobiernos dominicanos poner en manos de cerebros que piensan más en resultados políticos que en los técnicos, a dirigir entidades que necesitan especialistas en la materia.
El ejemplo más cercano que tenemos son las superintendencias relacionadas con el sector financiero. En todos los casos se trata de temas muy delicados. En República Dominicana no se acostumbra a contradecir a los Presidentes, pero es necesario poner el interés general al particular en lo adelante.
Hay entidades públicas que “se prestan” a ser botín político, pero otros, por su carácter técnico, no deberían caer en manos de políticos, quienes además no entienden ni papa lo que están dirigiendo. ¿Conoce usted algún caso específico?





