El crédito abre la posibilidad de acceder a bienes y servicios que por los niveles de ingresos sería imposible obtener si no fuera por este mecanismo. Ahora bien, en nuestro mercado financiera se da un fenómeno un tanto “extraño”, por decirlo de alguna manera. Se trata de la facilidad con que se accede a un crédito para adquirir un vehículo.
Es fácil pedir un préstamo para un carro que para una casa. Los requisitos son todo un caso. Se supone que financiar un vehículo debe ser más riesgoso que facilitar recursos para construir una vivienda o una empresa con un estudio de mercado bien elaborado. Las tasas de interés, incluso, suelen ser más bajitas para comprar un carro que para montar un pequeña empresa que, con toda seguridad, generará más valor a la economía.
Pero esta es nuestra realidad, sólo plantearle es importante para sabe que no la desconocemos.





