Comencemos este artículo con un ejemplo sencillo: si tengo batatas sembradas y cuando llega el tiempo de la cosecha nadie las quiere, posiblemente porque hay muchas en el mercado, ¿qué piensa usted que pasará? Tengo dos opciones: venderlas a “precio de vaca muerta” o dejarlas dañar. Como es un producto perecedero, hay un costo de oportunidad que debo asumir. El caso es que sembrar cada libra de batata me representó un costo de RD$10.50 y nadie quiere pagarme más de RD$6.50, ya que hay una sobreoferta y la demanda ha caído en el mercado. ¿Decido perderlo todo o recuperar algo?
El ejemplo anterior se relacionada con la inflación, en el sentido de que a mayor cantidad los precios tienden a bajar. Se dieron dos fenómenos: caída en la demanda y una sobreoferta del producto. ¿Lo que sucede aquí fue una decisión humana? Por supuesto. Sembrar más o menos batata, independientemente de lo que necesite el mercado, es una decisión que toman los productores. Si no hay planificación también es una decisión que la toman las autoridades competentes.
Pasa igual con la inflación que azota a todo el mundo en estos últimos meses y que, al parecer, seguirá gravitando en la economía. Está más que claro que también es fruto de las decisiones políticas que tomaron los gobiernos (de todo el mundo) para hacerle frente a los efectos previstos de la pandemia del covid-19.
Quizá algunos de los riesgos más inminentes son las vías o formas en que los políticos juzgan la recuperación económica poscovid y una inflación mundial a la esperada. Lo que sí es del todo cierto es que la inflación es un fenómeno global en este momento. Nadie se ha escapado de ella, ni siquiera las economías más cerradas.
La economía global, mirémosla por donde sea, se enfrenta ahora a tres fenómenos: la pandemia, la inflación y la incertidumbre, ésta última una consecuencia de las dos primeras.
Hablar de una inflación superior al 6 y 7% en economías desarrolladas, con monedas mucho más duras que la nuestra, es algo seriamente alarmante y eso esto justamente lo que está sucediendo.
Quizá el punto de inflexión en esto de las monedas fiduciarias y la forma en que se maneja la economía y algunas de sus variables, entre ellas la inflación, sucedió en el momento en que Estados Unidos desconoció los acuerdos de Bretton Woods. El dólar comenzó a ser la moneda de referencia y de mayor impacto en el mundo, incidiendo en los precios de las materias primas y, por ende, en los costos internos de los países.
¿Quién son los más preocupados en este contexto de inflación? La respuesta es fácil: los banqueros centrales. ¿Por qué? Porque este fenómeno económico no es más que una pérdida del poder adquisitivo del dinero, toda vez que cuando suben los precios es necesario buscar una mayor cantidad de dinero para comprar hoy lo mismo que compré ayer.
El aumento y caída de la inflación pueden ocurrir según el estado de la economía. Sin embargo, lo natural y común, a lo que todos estamos acostumbrados, es a la subida de los precios años tras años. ¿A qué se debe? Porque en esencia los países ponen más dinero en circulación de lo que realmente demanda o necesita la economía, lo que conlleva a que los precios de los bienes tiendan a subir.
Hay que tomar en cuenta que como la moneda en circulación, dondequiera, es fiduciaria (no tiene valor en sí, sino el que le marquemos o demos), es decir, su valor no está expresado en oro o en equivalencia en bienes reales, los bancos centrales pueden decidir aumentar la cantidad de dinero en circulación. Es como crear dinero de la nada, como lo hacen Estados Unidos y la Unión Europa de manera exagerada. ¿Resultado? Los precios de los bienes y servicios sólo suben y suben sin que la gente llana, que desconoce de estos temas, sepa las razones reales.
De hecho, la crisis financiera de 2008, que también fue global como la de inflación actual, trajo como consecuencia que muchas economías se mantuvieran con niveles de inflación relativamente bajos, incluido Estados Unidos. Esto motivó una expansión monetaria para impulsar el crecimiento, empleo e inversión.
Esta fue la receta que también se aplicó ahora con la pandemia del covid, es decir, se inyectó liquidez al sistema con el propósito de hacerlo llegar hasta los sectores productivos. A esto se agregaron las ayudas económicas directas a la población más vulnerable, por lo que la masa de dinero en poder del público fue exageradamente alta. ¿Recuerda usted cuánto dinero soltó el gobierno a través de los programas de ayuda y subsidios de empleos a raíz de la pandemia?
Todo el que necesitó créditos para financiar sus actividades recibió. Los países, por ejemplo, acudieron al Fondo Monetario Internacional (FMI) y fueron desembolsados miles de millones de dólares que también pasaron a ampliar la masa monetaria.
La pandemia interrumpió la producción en todos los ámbitos, a lo que debe sumársele los problemas logísticos y de incremento en el precio del petróleo. En cierto modo, la alta demanda ante una oferta insuficiente fue aprovechada por el hombre para incrementar los precios. ¿Cómo? Lo poco que había estaba disponible para el mejor postor. Quien paga más es quien se lo lleva. Quiere decir que aquí el alza en los costos no fue por un aumento real, sino en una decisión de quienes transaban. La inflación es una invención del hombre, no un fenómeno del mercado.










