Según la Real Academia de la Lengua (RAE), una dictadura es un “régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales”. El término no les aplica a los que desde hace muchísimos años y décadas están al frente de las organizaciones que representan a los trabajadores y, por igual, a los comerciantes.
Sin embargo, y guardando las distancias, en términos gremiales los trabajadores y comerciantes no están lejos de ser una especie de autocracias insustituibles, ya sea porque hay falta de liderazgo que sustituya y entienda lo que hacen los que han permanecido en esas posiciones por tanto años, o porque simplemente los que están quieren seguir al frente. Sea cual sea la razón, la democracia no ha funcionado correctamente en las instituciones que representan a los comerciantes y a la clase obrera dominicana. ¿Por qué? No se sabe a ciencia cierta.
Todo lo contrario, a decir verdad, sucede en los gremios empresariales que representan a los grupos económicos más importantes del país. La democracia, en estos casos, funciona mejor que en los grupos sociales. La alternancia en la dirección y liderazgo tiene mejores resultados en el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), las asociaciones de Jóvenes Empresarios (ANJE), de Industrias de la República Dominicana (AIRD), de Industrias de la Región Norte (AIREN), de Hoteles y Turismo (Asonahores), de Productores de Ron (Adopron) y en la Confederación Patronal Dominicana (Copardom), entre otros.
Particularmente no entiendo cómo es que los sectores más amplios de la sociedad, los que son la mayoría, no pueden poner a funcionar el derecho que tienen los ciudadanos a elegir y ser elegidos. No recuerdo la última vez que hubo un cambio de líderes en ninguna de los gremios de trabajadores y sí recuerdo la cantidad de líderes empresarios que han pasado por cada una de las organizaciones del sector privado del país. No se sabe cómo son las asambleas en prácticamente ninguno de estas organizaciones de comerciantes y trabajadores.
En las organizaciones de comerciantes, por ejemplo, se da un fenómeno muy especial. Cuando hay dos cabezas (o líderes) en las que se ve una marcada competencia, entonces sucede la división. Por esto hoy vemos que hay nombres de entidades o asociaciones de comerciantes detallistas cuyos nombres son muy parecidos. En algunos casos, hay que decirlo, estas instituciones se convierten en plataformas de ascenso político o para hacer oposición al gobierno de turno.
Pongámonos a contar cuántos presidentes del Conep y de los gremios de trabajadores han pasado en los últimos 30 años. Hay casos excepcionales, por supuesto, en los que los dirigentes gremiales han sido respetuosos del debido proceso y, de hecho, tienen una historia de aportes al proceso de fortalecimiento institucional y sido clave en la ganancia de espacio en las áreas de toma de decisiones. ¿Qué sugiero? Democracia.





