En estos días hemos visto noticias respecto a la cantidad de haitianas que dan a luz en hospitales dominicanos. Si decimos que Haití es un caos, un desastre, un país inviable y un Estado fallido, donde no exista una sola institución que funcione, quizá no estoy diciendo nada nuevo.
Todos sabemos que la situación haitiana, en términos políticos, sociales y económicos, empeora a cada segundo. La incertidumbre, la inseguridad liderada por las pandillas criminales y la corrupción rodando por los estamentos que aún dicen “funcionar”, es pan de cada día. Nadie está seguro en ese conglomerado de personas que heredaron un territorio con recursos necesarios para vivir bien, aunque se hayan encargado de destruirlo.
Y quiero dejar por sentado que la “multa” o “condición” que le puso Francia para reconocer su independencia, es decir, los 150 millones de francos, ciertamente resultó un gran golpe a los planes de desarrollo de Haití.
Sin embargo, esa no puede ser una excusa. No podemos olvidar que los haitianos invadieron la parte Este de la isla por 22 años, donde hoy es República Dominicana, período que aprovecharon para adelantar algunos pagos de esa deuda. Cuando decimos que Francia debería liderar el cuarteto de países que deberían encargarse de la refundación de Haití (no reconstrucción), junto con Estados Unidos, Canadá y España, es porque sabemos que si hubiera voluntad política hace rato que ya estuviera resuelto.
Podemos decir, entonces, que el problema haitiano no es económico desde dos perspectivas. Por un lado le podemos dar todo el dinero del mundo a Haití y eso no garantiza su refundación como Estado donde se puedan desarrollar sus ciudadanos sin tener que ser sometidos a la barbarie de un sistema colapsado.
El otro punto por el que podemos afirmar que no es sólo económicos, es porque si estos cuatro países se “clusterizan” para empeñarse durante dos décadas a construir un sistema funcional, los recursos que destinen serán ínfimos respecto a lo que representan para sus riquezas como países desarrollados, pero además recibirán el beneficio de disponer de más de 11 millones de personas con capacidad de trabajo (no explotación) y una región sin los sobresaltos que hoy genera Haití, incluyendo la presión migratoria que no sólo sufre República Dominicana, sino también Estados Unidos, México, Chile, Brasil, Panamá, Bahamas y otras naciones.
No hay duda de que Haití debería estar a cargo de una “misión internacional de refundación” para evitar que este problema llegue a niveles en los que sea prácticamente imposible recuperarlo.
En Haití no hay nada que funcione. Nada ni nadie está seguro. Los gritos de auxilio de República Dominicana han logrado sólo llamar la atención de unos pocos, mientras de este lado de la isla sentimos no sólo la presión una inmigración descontrolada, sino el peso que tiene sobre el presupuesto público los gastos en salud destinados a atender a los haitianos. ¿Quién se hará cargo de Haití?








